Sintra, el bosque fantástico

Érase una vez un frondoso bosque repleto de Palacios, Castillos, parques y jardínes botánicos. A tan solo 30 minutos de la capital lusa, nos adentramos en la villa de las maravillas, más conocida como Sintra. Uno de los lugares más románticos de Portugal, cuya visita es indispensable.

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Merece la pena madrugar para coger uno de los trenes que cada 20-30 minutos salen de la Estaçao do Rossio, en el centro de Lisboa, y aprovechar la luz del día de esta maravilla palaciega. Con suerte nos dará tiempo a ver la mayoría de los parques y Palacios que adornan Sintra, desde el Palacio Nacional de Sintra con sus características chimenas árabes hasta el Parque y Palacio de la Pena o el Castillo de los Moros, en lo más alto de la Sierra de Sintra.

Desde el paseo que lleva de la Estación de Tren al Centro Histórico nos podemos hacer una idea de la majestuosidad de la Villa de Sintra y la mezcla del verde frondoso con las fachadas color pastel de sus edificios.

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La primera parada es inevitable. El Palacio Nacional de Sintra, que con su discreta fachada, da la bienvenida a los miles de turistas que llegan cada día. Esta construcción de origen árabe puede parecer sosa por fuera, pero compensa su excelsa belleza interior. Los azulejos y las lámparas de muchas salas son espectaculares.

Enigmática y sorprendente

Alejándonos del centro, encontramos la que para nosotros fue el gran descubrimiento de la visita, la Quinta da Regaleira, uno de los monumentos más espectaculares del complejo Cultural de Sintra. Ya desde su portón se intuye la magia de su Palacio y sus jardínes. No podemos irnos sin subir a la azotea del Palacio, desde donde hay vistas a la sierra y si no hay muchas nubes al Océano Atlántico.

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Una obra maestra llena de simbolismo, misticismo y rincones que pasan inadvertidos de primeras. Una de las principales atracciones que ofrece la visita es la Torre invertida que se hunde 27 metros hacia el suelo a través de una escalinata espiral. Un recorrido que, -simbólicamente- nos lleva de la luz a las tinieblas y nos adentra en un recorrido subterráneo que conecta varias zonas de la Quinta, para luego salir de nuevo al exterior a través de una cascada. ¡Espectacular!

20130327-003717.jpgOtro de las grandes tesoros de Sintra es su inmenso Parque de la Pena, que tiene al Palacio del mismo nombre como principal atracción turística. Con su colorido y sus formas esféricas bien podría ser un Palacio imaginado por Walt Disney.  Nuestro consejo es no dejarse cegar por la belleza del Palacio y perderse por el Parque, porque esconde rincones realmente bellos como el Minarete de las Columnas o el Valle de los Lagos. Y esto son dos recomendaciones personales, porque con una extensión de 85 hectáreas ya os podéis imaginar lo inabarcable que puede llegar a ser el Parque de la Pena. No es muy recomendable hacer senderismo por nuestra cuentra y riesgo sin un mapa que nos ayude a situarnos. Si el Parque fuera un pajar, tenemos todas las papeletas de ser la aguja.

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¡Ah! Se nos olvidaba algo muy importante, lo sensato es subir y bajar del Parque Da Pena en el bus circular 343 (ida/vuelta 5 euros. Tarifa 2012). Subir a pie es una auténtica locura y mucho más si es verano. A la vuelta, si quieres asegurarte asiento en el bus -en el regreso suele ir muy lleno-, mejor si esperas en la parada del Portón de los Lagos.

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Coordenadas GPS: 38º 47 91083 W9 23.28641


Próximo destino: Sintra

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Nueva York, ¡pasen y vean!

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Nueva York, la megápolis por excelencia, es una ciudad estimulante, intensa, sobrecogedora y fotogénica como ningún otro lugar del mundo. El turismo urbano en su máxima expresión. Y es que nunca has vivido lo suficiente hasta que pones un pie en la Gran Manzana. Donde todo se vive en full HD y cualquier cosa es posible. Un espectáculo en vivo, en el que por unos días te sientes protagonista de una gran experiencia vital. Así fue la nuestra.

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bloguerosviajeros.comEn la ciudad donde los rascacielos se hacen sombra unos a otros y compiten por salir en la foto del skyline oficial, no hay espacio para el aburrimiento. Como dicen los americanos parafraseando a Benjamin Franklin, “Time is money”, y en Nueva York el tiempo y el dinero, vuelan. Pero si de verdad queremos disfrutar de una experiencia inolvidable, lo aconsejable es relativizar ambos factores; Nueva York no es tan cara como dicen si sabemos cómo y dónde movernos y 24 horas dan mucho de sí organizando bien nuestra visita. Como en cualquier otra gran ciudad, lo que realmente sale caro es improvisar. Por eso, en este post también hemos recopilado algunos restaurantes y tiendas donde los dólares cunden más de lo habitual.

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Si llegas a Nueva York vía JFK, ni se te ocurra coger un taxi o un minibus privado. Por solo 7 dólares (tarifa diciembre 2012) tienes una conexión directa con las líneas A, E, J y Z del metro. Y de ahí al Midtown en un periquete si tenemos la suerte de subir en algún tren Express (estos trenes paran en las estaciones más importantes mientras que el Local hace todo el recorrido de la línea). Es fácil hacerse con el metro siguiendo las simples indicaciones de Up & Down, -si subes o bajas desde el centro de Manhattan-.

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¡Esto es Nueva York!

Nueva York, posiblemente una de las ciudades más fotografiadas del planeta Tierra, donde al cruzar una esquina uno tiene la sensación de vivir un eterno Déja Vu. Es lo que tiene ser una de las ciudades más filmadas del mundo. Seguro que se os ocurren cientos de películas con Nueva York como ‘actor’ de reparto.

Llegar a Nueva York es lo más parecido a entrar en un Parque de Atracciones y sentir el ansia de querer subir en todo, verlo todo y tocarlo todo. La Gran Manzana te engulle desde el primer momento. ¿Preparados para sufrir tortícolis transitoria? Nunca te sentirás tan grande y tan pequeño a la vez.

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bloguerosviajeros.comPara hacernos una idea a escala de la ciudad, nada como ver esta gran urbe a vista de pájaro desde cualquiera de sus emblemáticos observatorios: el Rockefeller Top of the Rock y el Empire State Building. Lo mejor es subir al Top of the Rock, a mediodía y visitar el Observatorio del Empire State, al atardecer o  anocheciendo. Ambas visitas, merecen la pena, aunque desde este segundo se pierde la espectacular vista a Central Park que ofrece el Top of the Rock.

El gran pulmón verde de la ciudad de Nueva York, con más de trescientas hectáreas donde perderse o incluso perder el tiempo. El contrapunto a la esquizofrenia urbanita y el patio de recreo de los neoyorquinos, donde lo mismo practican escalada, pasean a sus mascotas, hacen tai chi o bailan tango.

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Remixin’ NYC

Nueva York es una ciudad de contrastes, de mestizaje, de infinitas posibilidades, tantas como las que caben en cada calle de sus barrios. Cada cual con sus señas de identidad, desde el emergente barrio de Chelsea (no dejar de visitar su renovado Chelsea Market) al caos ordenado de Chinatown, pasando por la cada vez más ‘little’ Little Italy o el consumismo enfermizo de la Quinta Avenida. Todos tienen mucho que ver, pero más nos vale organizarnos o nos dejaremos cosas en el tintero. En la página oficial de Turismo de NYC, hacen una selección de impresceindibles que nos pueden ayudar a decidirnos qué queremos ver: http://www.nycgo.com/slideshows/international-must-see-nyc-spanish

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Moverse por Nueva York es sencillo, ya que el callejero es una cuadrícula perfecta a excepción de Lower Manhattan/Battery Park (a partir de la calle 14). Las doce avenidas cruzan Manhattan de Norte a Sur y las calles lo hacen de Este a Oeste, siguendo ambas la numeración ordinal. Eso sí, las distancias son enormes y por eso, lo mejor es moverse por zonas o barrios. Empezando por Midtown, Time Square/Broadway, Central Park, SoHo/Chelsea/Meatpacking, Chinatown/Little Italy para acabar pateando el Downtown/Wall Street/Zona Cero.

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El arte de regatear en Chinatown

Adentrarse en Chinatown, con la única misión de comprar imitaciones de marcas de lujo es una aventura en sí misma. Eso sí, tiene su intringulis. Nosotros, al segundo intento, encontramos alguna ganga si se compara con el precio del bolso original, claro. Siendo turista -algo que llevamos escrito en la frente-, es fácil cruzar la bulliciosa Canal Street y que nos ofrezcan Rolex, bolsos de Louis Vuitton, carteras de Gucci… Entre los típicos vendedores encontraremos chinos y negros, personalmente recomiendo los primeros porque la experiencia es más curiosa y freak.

bloguerosviajeros.comAhora es el momento de poner en práctica el arte del regateo, para lo que aconsejamos seguir estos consejos:
1. No caigas en la trampa de cerrar un precio antes de ver el producto, porque entonces nos ofrecerán algo de mala calidad.
2. Insistid en verlo y si es posible acompañad al vendedor a donde guarda la mercancia. Visitar la trastienda de muchos negocios de Chinatown es una experiencia muy auténtica. Solo apta para los más valientes, eso sí.
3. Huele, toca, repasa los acabados como si trabajaras en el Departamento de Control de Calidad. Y solo entonces, preguntar el precio.
4. Sea cual sea la respuesta, poned cara de susto y empezad a regatear un 1/3 de lo que nos digan.
5. Cuando ya os hayan ofrecido un precio a la baja, es el momento de hacer el amago de irse. Tranquilos, os harán una oferta irresistible y “everybody’s happy”, como dicen al cerrar el trato.

Como colofón a una entretenida tarde ‘de negocios’ en Chinatown y a pocas paradas de metro, cerca de Union Square (E 18th con Irving Place), os recomiendo cenar en Petes Tavern, porque además de comer muy bien a buen precio, puedes encontrarte a Johnny Depp, Tim Burton, Angelina Jolie o al mismísimo Harrison Ford cenando en la mesa de al lado y salir del local, con la cuenta autografiada. Es, además la taverna más antigua de la ciudad de Nueva York.

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Algo a tener muy en cuenta en muchos restaurantes de Nueva York es que la cerveza es muy cara (alrededor de los 8 dólares) y del vino mejor ni hablamos, -casi un artículo de lujo- (a 13 dólares la copa, como poco), pero es habitual que los camareros sirvan agua (‘tap water‘) como cortesía de la casa y sin coste extra. Se agradece, teniendo en cuenta que en muchos lugares las propinas (‘tips‘) son casi obligatorias y la cena de marras puede irse de las manos. Las tips ‘oficiales’ se mueven entre el 10%, 15% y 18% del total de lo consumido, según lo satisfechos que quedemos por el servicio recibido.

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El imperio del Neón

Una de las cosas que hay que hacer nada más llegar a la ciudad es dejarse caer por el corazón de la Gran Manzana. Realmente impresiona. Times Square y Broadway no son lugares que pasan desapercibidos por motivos obvios. Time Square es algo así como el patio de recreo de Nueva York, donde se mezclan los Naked Comboys, policias a caballo, Cheaseleaders, hordas de turistas japoneses o imitadores de Spiderman dirigiendo el tráfico de la 44th.  Una sobrestimulación visual no apta para agorafóbicos o hipersensibles a la luz, pero que te atrapa como si fueras un insignificante mosquito.

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El mayor espectáculo de Broadway (W 42th) es la vida misma en un escenario abierto y donde todos forman parte de esta performance callejera. La oferta de musicales, comedias o Night Late Show es interminable y apta para todos los públicos y bolsillos. La reventa es algo mucho más normal de lo que en España estamos acostumbrados e incluso, en pleno Time Square -bajo la escalera mirador rojas- podemos conseguir entradas a mitad de precio para el mismo día de la función e incluso menos. Solo es cuestión paciencia y un poco de suerte.

Nosotros conseguimos entradas a mitad de precio para el musical de Spiderman: Turn Off The Dark. Y fue sencillamente, increíble. Muy recomendable, aunque tampoco dejaría de ver The Lion King, otro de los musicales más vistos de Broadway.

Cena panorámica

Si Time Square impresiona a pie de calle, ni te imaginas desde lo alto del restaurante giratorio The View con vistas 360º a toda la ciudad. Se entra por el lujoso hotel Marriot y se sube en unos ascensores supersónicos que ya de por sí son una experiencia. El acceso a The View es libre y podemos tomar desde un cocktail a probar su cena buffet (desde 19 dólares -a partir de las 8.00 PM cobran 8 dólares por cubierto- según tarifa diciembre 2012). Un consejo: que no os saquen la pasta en el restaurante, mejor subir directamente al Cocktail Bar, porque la vista es igual de impresionante y los precios son más económicos.

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Además de una gran oferta de ocio y entretenimiento, la cultura ocupa en Nueva York el lugar que merece con algunos de los mejores museos del mundo, desde el MoMa al Guggenheim, pasando por Museo de Historia Natural -sí el de la película ‘Noche en el Museo’ de Ben Stiller- o el más espectacular de todos: el Metropolitan (MET). Una visita imprescindible y mucho más si llegas a tiempo para una de las visitas guiadas en español por Isabel o Alejandra. La humanidad a través de sus iconos y expresiones artísticas. Muy bestia todo. Como se puede salir y entrar con la chapita que nos darán, merece la pena acercarse a comer a E.A.T (Madison Ave. 80th 81th), un sitio de sándwiches, ensaladas y tartas dignas de estar en un museo.

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Locos por el Shooping

En Nueva York salir de compras es sinónimo de visitar la Quinta Avenida, la avenida del Shopping neoyorquino por excelencia. Hay tiendas para todos los gustos y bolsillos, aunque si no quieres perder todo el día de compras, lo mejor es visitar los históricos Macys. Aprovechando la visita al Empire State Building, hicimos parada en los vetustos almacenes, que ofrecen un 10% de descuento directo sobre todos los artículos excepto perfumeria, electrónica y cosmética. Aunque no sea temporada de rebajas se pueden conseguir algunas cosas a buen precio sobre todo en marcas americanas como DKNY, Levis o Calvin Klein. Eso sí, nunca comparable con las gangas que en el Outlet urbano por antonomasia, el famoso Century 21 en Lower Manhattan y frente a la concurrida zona Cero.

Si viajas con niños o te quieres volver a sentir un poco como Tom Hanks en la película Big, apunta en tu plan de viaje una visita a la juguetería FAO Schwarz (E 58th). Aquí es dónde está el Big Piano de la susodicha película de los ochenta. Además dan clases para tocarlo, eso sí, con los pies.

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Más allá de Manhattan

Aunque Manhattan acapare todas las miradas de los turistas y se lleve los honores, Nueva York es mucho más que el ajetreo de la Quinta Avenida y la sobreestimulación lumínica de Times Square. Si la agenda lo permite, es muy recomendable salir de la ‘isla’ para descubrir verdaderos tesoros en la calles de otros barrios o distritos como Harlem, Bronx, Brooklyn, Queens, y Staten Island.

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En la zona más alta de Manhattan se encuentra uno de los barrios neoyorquinos más auténticos, Harlem. El histórico feudo de la comunidad negra y, por ende, de la misa Gospel, el Jazz y la típica gastronomía Soul Food. Os recomiendo empezar la visita por lo que se conoce como El Barrio (104 th East Harlem), la zona puertorriqueña de Harlem con sus típicas canchas de baloncesto enrejadas, los huertos urbanos comunitarios y el Museo del Barrio.

bloguerosviajeros.comEn la 125th encontramos el corazón de Harlem, donde se mezclan peluquerías Afro con curanderos africanos, rastafaris y el mítico Apollo Theatre que vio triunfar a grandes entre los grandes, Michael Jackson, Ella Fitzgerald o Billie Holliday. Hacen visitas guiadas, de lunes a domingo a las 11 horas.

No nos podemos marchar de Harlem sin probar la típica comida Soul Food en uno de los mejores sitios que descubrimos en este viaje a Nueva York, el Sylvia’s Soul Food entre la 126th y 127th. Los domingos organizan shows de Gospel en directo. Aunque si queremos vivir una misa Gospel como Dios manda, lo mejor es acudir un domingo a las 11.00 a la Abyssinian Baptist Church y conocer a su carismático pastor.

Otra excursión imprescindible y ¡gratuita! es subir al Ferry que une Manhattan con Staten Island para ver la bahía de Lower Manhattan y de paso, alzar la mano para saludar a la minúscula estatua de la libertad, empequeñecida por la distancia y por los gigantescos rascacielos. Este ‘pequeño crucero’ sale desde la estación marítima de Battery Park (http://www.siferry.com/)

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¡Top Tip!

La tarjeta turística New York Passofrece descuentos en más de 70 atracciones tales como el Museo de Cera de Madame Tussauds, el Empire State Building, Top of Rock, el MoMa o la Estatua de la Libertad, entre otros. Además si los compras por internet sueles ahorrar unos dólares en cada pase.

Fascinante como pocas. Nueva York es un gran Parque temático del ocio y el consumo. El espejo del estilo de vida capitalista donde otras grandes urbes se miran. Una ciudad construida a lo grande para disfrutarse sin medida. Será por eso que los neoyorquinos repiten hasta la saciedad un consejo al visitante: Enjoy!

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Coordenadas GPS: 40°43′00″N 74°00′00″O

Audio FX: Este post se redactó mientras sonaba el disco The Element of Freedom, de la cantante y compositora neoyorkina Alicia Keys (J Records 2009) y la BSO del musical Spiderman: Turn off the Dark (Interscope 2011).


Próximo destino: Nueva York

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Lisboa, una acuarela atlántica

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Cantaba Toquinho en su canción ‘Aquarela’ -su mayor éxito en España y Portugal-, que “los malos tiempos pasarán, piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo, que colorear…“. Pues si la vida es un lienzo por colorear, ese lienzo, sin duda, es Lisboa. Una obra pictórica de siglos que tiene al estuario del río Tajo como bastidor.

bloguerosviajerosEn la paleta lisboeta se mezclan frustraciones, nostalgias, alegrías y el inevitable paso del tiempo. No es de extrañar que el fado sea la expresión musical más conocida de la música portuguesa, porque Lisboa es como una acuarela desdibujada por los años. Al tiempo, tan pesimista y frustrada como optimista y soñadora. Incluso tienen un curioso vocablo para definir el estado de ánimo de la ciudad, el ‘Saudade’. Es esta personalidad compleja la que ofrece al viajero mucho más de lo que espera encontrar en la capital lusa.

Y no nos referimos a los imprescindibles turísticos de sobra conocidos por los visitantes de todo el mundo; Miradouro de Graça, Miradouro de Santa Luzia, las ruinas de Carmo junto al ascensor de Santa Justa, la praça Rossio, la recién remodelada Praça Marquês de Pombal o el Museo de Arte Contemporánea Calouste Gulbenkian, cuyos jardínes son un oasís en mitad del ajetreo luso. Sino a todos los rincones escondidos por la ciudad que solo los lugareños conocen a los que hacemos referencia a lo largo de este post.
Plaza Rossio
Con un clima bastante agradable y un cielo azul intenso la mayoría de los meses del año, Lisboa se asienta sobre siete colinas. Con lo que el calzado cómodo es más imprescindible que nunca, ya no solo por las empinadas cuestas y escaleras de subida a los Miradouros (miradores) sino por las aceras de mosaicos empedrados. La calçada portuguesa es famosa por su belleza, pero también por su animadversión a los tacones. Así que, no es recomendable pisar la calle sin el calzado apropiado.

bloguerosviajeros.jpgMoverse por Lisboa es fácil. En los últimos años la red de Metro y tranvías se ha modernizado mucho, conectando entre sí los barrios históricos con las nuevas zonas de ocio y negocio como el Parque Das Naçoes o la Avenida José Malhoa, respectivamente. Si el presupuesto del viaje no llega para sacar una LisboaCard de 72 horas (39 euros, tarifa diciembre 2012), lo más rentable es sacar un título de transporte diario (5 euros) válido para usar el metro, el tranvía, el tren de cercanías o los ferrys que unen las dos orillas del Tajo.

Nada más salir del Aeropuerto tendrás que comprar una tarjeta electrónica recargable Viva Viagem (0,50 céntimos, tarifa diciembre 2012), que podrás usar desde ese mismo momento. Compensa y mucho. Sobre todo por el elevado precio de los elevadores turísticos como el de Santa Justa (3,50 solo por subir, tarifa diciembre 2012).

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El metro, además de rápido y limpio, es toda una experiencia subterránea. Mención especial para la estética clubber de la estación Baixa-Chiado o las columnas góticas de la estación Parque, que parecen salidas de una película de Tim Burton. También merece la pena visitar la colección de esculturas representativas de los oficios clásicos en la estación Entre Campos. Si lo que queremos ver son espectaculares mosaicos de azulejos tendremos que hacer parada en Jardim Zoológico, Cidade Universitária, Oriente o Picoas.

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20130107-212416.jpgEl centro histórico se divide en tres zonas emblemáticas, agrupadas a su vez por barrios donde encontrar la esencia lisboeta; Baixa-Rossio, Alfama-Castelo, Bairro Alto-Chiado. Desde la Praça do Comércio -con su espectacular pórtico mercante a orillas del Tajo- nos adentramos en la bulliciosa Rua Augusta en pleno barrio de la Baixa. Subiendo esta céntrica calle, a mano derecha tenemos el laberíntico barrio de Alfama, que esconde entre sus mayores tesoros el colosal Castelo de Sao Jorge, con unas vistas privilegiadas y sus pintoréscos aledaños, con casas blancas y vecinas tendiendo la colada.

Lisboa panorámica

A mediodía este barrio atrapado en el tiempo huele a sárdinas recién asadas en las terrazas efímeras de muchos restaurantes. Eso sí, el tufillo a ‘restaurante para guiris’ huele a la legua, aunque todavía se pueden disfrutar de sitios auténticos de verdad como el centro cultural Chapitô (Rua Costa do Castelo s/n), un espacio multidisciplinar que sorprende a propios y extraños porque alberga una escuela de Circo, una asociación cultural y hasta un restaurante con vistas privilegiadas a los tejados lisboetas. Aunque la carte es muy limitada, merece la pena dejarse caer y tomarse un vinho verde acompañado por un plato de uvas y quesos del país al atarceder o una vez anochezca.

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Volviendo a la Baixa, como punto de partida y referencia, a mano izquierda queda el Bairro Alto-Chiado, el preferido de los jóvenes para salir de marcha, comprar ropa vintage y regalos originales. Es increíble como cambia el barrio por el día y por la noche, así que el mejor momento del día para visitarlo es a media tarde y aprovechar el espectacular atardecer desde el Miradouro de Santa Catarina, mientras suena de fondo algún hippie tocando la guitarra o los más jóvenes quedan para quemar la noche lisboeta en las bulliciosas calles de Chiado.

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Al encuentro del Fado

Aunque en cuestión de fados, la fama siempre la tuvo la zona de Bairro Alto-Chiado, es en Alfama donde los propios lisboetas se encuentran con sus lamentos cantados a fuego lento y mucho sentimiento. Para adentrarse en el universo del fado, lo mejor es hacerlo visitando el Club de Fado -con espectáculos a partir de las 22.00- o visitar Mesa de Frades -espectáculos a partir de las 22.30-, ambos en el barrio de Alfama y con consumición mínima de entre 10 y 15 euros. Otra opción por la zona es la Parreirinha de Alfama, en la calle Beco do Espírito Santo 1.

La Baixa Lisboa

Os Petiscos, el tapeo portugués

Si Lisboa enamora por sus conocidos fados, también ayudan las no tan conocidas tapas portuguesas, Os petiscos. Si para escuchar fado lo mejor es perderse por Alfama, para salir de marcha o echarse unas cervezas, lo mejor es visitar Bairro Alto-Chiado y visitar la mítica Cervejaria Trindade, un antiguo templo convertido en templo de la gula, por excelencia. No desesperes si no encuentras mesa nada más llegar, la cola es llevadera y puedes pedirte una cerveza en la barra de la entrada -O Refeitório- mientras te conviertes al ‘cervecismo’ más ortodoxo. ¿La carta? Será imposible no caer en la tentación sus carnes a la brasa.
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Si buscas algo menos popular y más alternativo, sin duda la Petiscaria Ideal o la Taberna Ideal (están la una enfrente de la otra en Rua da Esperança 100), En el deprimido barrio de Santos, se esconden dos locales acogedores y auténticamente portugues. No hay carta en papel, pero sí escrita en sus paredes con tiza. Entre todas las tapas destacan las tibornas (tostas de aceite y ajo) con ingredientes a elegir. Nuestra recomendación, pedir una tiborna de queso de cabra y miel. ¡Mmmagnífica!

Un consejo para los tragones impulsivos; Es muy habitual que nada más sentarnos en una mesa de cualquier restaurante nos pongan unas aceitunas negras, un pequeño queso semigraso o paté de sardina. ¡Ojo, no son cortesía de la casa! Si consumes todo o una parte, se te cobrará y a ver cómo le explicas al camarero/a que no lo habías pedido.

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Belém, la guinda del pastel

Para llevarnos el mejor sabor de boca de nuestra visita a la región de Lisboa, no hay nada mejor que dejarse caer por el célebre barrio de Belém, donde podremos visitar tres de los monumentos imprescindibles de cualquier visita a la capital portuguesa: el monolito de los Descubrimientos, la torre de Belém y el Monasterio de los Jeronimos, amén del Jardim do Ultramar o el moderno museo Colección Berardo (Centro Cultural de Belém). Lo mejor es coger un tren desde la estación de Cais do Sodré, para disfrutar del paseo, aunque la zona tenga una belleza muy portuaria, pero en días luminosos se disfruta mucho del viaje en paralelo al río Tajo.

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20130107-215401.jpgPese a lo que pudiera parecer la distancia entre un monumento es considerable, así que muy probablemente acabemos agotados de la visita. Menos mal que antes de coger el tren de vuelta a Lisboa, a unos metros de la estación -cruzando el parque- tenemos A Única Fabrica de Pasteis de Belém, donde recuperar energía a base del azúcar de sus famosos Pastéis de Nata, un dulce caliente que recuerda a las natillas caseras. Mejor con azúcar glacé y canela. Tranquilos, al comprar una te dan un sobrecito de cada para aderezarlo al gusto.

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Si todavía nos queda tiempo para seguir disfrutando de Lisboa, podemos pasar la mañana o la tarde en el Parque das Nações, la zona más alejada del centro y el barrio icono de la nueva Lisboa, con su Oceanográfico, Pabellón Atlántico, la Estación de Oriente que firma Santiago Calatrava o el espectacular Pabellón Portugués de la Expo 98, obra del genial Álvaro Siza. Para hacernos una idea panorámica de este nuevo espacio lisboeta, lo mejor es subir al teleférico sobre la Marina. Para los compradores compulsivos, frente a la Estación de Oriente se encuentra uno de los centros comerciales más grandes y completos de la ciudad. 20130107-212313.jpg

Luminosa, polifacética, hospitalaria, melancólica, sentimental, cosmopolita, conquistadora, fadista … Lisboa es una ciudad, pero también un estado de ánimo, un sentimiento que se proyecta desde cualquiera de los miradores de cada una de las siete colinas que dan forma a la fisonomia de la capital lusa. Lisboa es la vida misma.

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Coordenadas GPS: 38°42′49″N 09°08′21″O

Audio FX: Este post se redactó mientras sonaba el disco Fado Em Mim, de la fadista portuguesa Mariza (EMI Portugal 2011)


Génova, anclada al pasado

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La ciudad que vio nacer a Cristobal Colón está, paradójicamente, aún por descubrir por el gran público. Génova asume con resignación un discreto segundo plano en los circuitos turísticos italianos. Muy a pesar, eso sí, de ser parada obligada de la mayoría de los cruceros que cruzan el Mediterráneo. No obstante, puede que esa discreta posición le permita conservar intacta su esencia. Porque, Génova es sobre todo una ciudad auténtica, -ni bonita, ni fea-, una ciudad que se muestra tal cual. Sin maquillaje.

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Génova es el extremo opuesto a Milán. Si Milán es pretendidamente elegante y escrupulosamente aseado, Génova tiene un aire arrabalero y descuidado, donde no faltan fachadas agrietadas y descoloridas, calles estrechas y sórdidas o los más lúgubres soportales. No es raro que nada más llegar a la Estación Porto Principe uno se pregunte, ¿Y a mi qué coño se me ha perdido aquí? La respuesta solo la encuentras callejeando. Pronto te das cuenta de que el verdadero encanto de Génova es su autenticidad. Es fácil cerrar los ojos e imaginar la Génova de hace 5 siglos, atestada de marineros, comerciantes y gente de toda calaña.

La capital de la región de Liguria ofrece mucho más de lo que cabe esperar por esa agridulce primera impresión. Lugares mucho más cuidados, como su remodelado Porto Antico reconvertido en un espacio de recreo donde se mezclan genoveses y turistas. 20120726-183123.jpg

No es para menos, ya que desde la celebración del V centenario del descubrimiento de America en el año 1992, el puerto ha ido sumando atractivos turísticos como el segundo Acuario más grande de Europa -destronado años más tarde por L’Oceanografic valenciano-, el Museo del Mar, el galeón pirata de Roman Polanski o el ascensor panorámico con visión 360º -el Bigo, como lo llaman los genoveses-. Por 4 euros (julio 2012) uno puede a contemplar desde las alturas el balcón genovés.

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Otros lugares imprescindibles de la ciudad son la Piazza Ferrari con su famosa fuente -icono consolidado de la ciudad- y sus vías comerciales, a izquierda y derecha, Via Dante y Via XX Settembre. Desde la misma Piazza Ferrari se llega a Piazza Dante, donde se puede visitar la casa natal de Cristofor Columbus. Otro punto imprescindible en nuestra visita a Génova es la iglesia de San Lorenzo, con sus leones postrados en las escaleras, convertido en otro de los reclamos turísticos de la ciudad.

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De Palazzo en Palazzo

A pesar de ser, como decíamos al comienzo del post, una de las ciudades menos turísticas de Italia, merece la pena perderse en sus calles para encontrar tesoros inesperados como la Via Garibaldi, un oasis en mitad del decandente arrabal, donde los Palazzos compiten por reinar esta calle peatonal.

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Todos estos Palazzos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y muchos de ellos pueden ser visitados, para lo que recomendamos informarse de horarios y precios en la oficina de información turística, en mitad de la propia Via Garibaldi.

No podemos marcharnos de Génova sin probar su visión de la gastronomía italiana con especializades locales como las foccacia di formatgio o los farinate en invierno. Si hace buen tiempo, un sitio económico y a pie de puerto es La Bimbacha que además de 60 especialidades de pizzas diferentes, tienen como especialidad la foccacia genovesa.

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Coordenadas GPS: 44°25′0″N 8°56′0″E


Bilbao, a todo color

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Si viajas a Bilbao lo primero que tienes que saber es que no te vas a encontrar una ciudad tan luminosa como por ejemplo puede serlo San Sebastián. O tal vez es que yo siempre la he recordado nublada y húmeda, al igual que la he encontrado esta última vez que he ido. Sin embargo, me sigue transmitiendo algo especial, no sabría describir muy bien qué es. De pequeña pasé algunas temporadas allí, en casa de mis abuelos, así que seguramente no pueda ser muy objetiva a la hora de hablaros de ella, pero voy a intentarlo…

Para empezar, me gustaría destacar tres cosas importantes de Bilbao, al menos para mí: su gente, la comida y el encanto de pasear por las “siete calles”, en el casco viejo.

Si realizáis una escapada fugaz, la visita a la ciudad podría realizarse por ejemplo en tres días. Si son más, mejor, pero voy a hacer un pequeño itinerario para ver lo básico. No pretendo ejercer de guía sino enseñaros lo que yo he visto esta última vez que estuve por allí.

Día 1: centro de la ciudad

Si habéis llegado en avión, el autobús 3247 os bajará al centro de Bilbao, lo que aprovechamos para comenzar la visita desde el Termibus, situado en la zona de San Mamés. Los más futbolerxs seguramente quieran ir a ver el Campo de juego, situado a pocos metros de la terminal. Después, podéis coger la Avenida Alameda de Urquijo, que recorre prácticamente todo el centro. En la zona de Indautxu se encuentran el edificio de la Alhóndiga y la Sede Osakidetza. El primero es un centro de ocio y cultura, y lo que más llama la atención son las 43 columnas diferentes que soportan unos cubos de ladrillo construidos en el interior. La Sede Osakidetza, por su parte, es un moderno edificio de vidrio formado por diferentes prismas. Sin duda, dos construcciones que no hay que perderse.

http://bloguerosviajeros.comContinuando por la avenida está el Teatro Campos Elíseos, y muy cerca de allí, el Palacio de la Diputación Foral y la Iglesia del Sagrado Corazón. Alameda de Urquijo desemboca en la Gran Vía López de Haro, centro neurálgico y comercial de Bilbao. Si subís por esta vía y llegais hasta la Plaza Moyua podréis ver el Palacio Chávarri, sede del gobierno civil, y la Casa Montero, construcción modernista en la que destaca la ornamentación de la fachada. Estáis ahora en la zona de Abando, tras la cual se sitúa el museo Guggenheim.

Bajando de nuevo por López de Haro se llega hasta la Plaza Circular, en donde se encuentra el monumento a Don Diego López de Haro. Ya empezaréis a ver la famosa Ría de Bilbao, que separa el casco antiguo de la zona más moderna. Alrededor de la plaza, lo más interesante para ver es la estación de Abando Indalecio Prieto (en cuyo interior hay una enorme vidriera que da un color especial a la estación), el edificio de la Bolsa, el edificio de la Sociedad Bilbaína y la estación de Santander-La Concordia (considerada uno de los patrimonios más genuinos del Bilbao de la Belle Epoque). Mi consejo es que, llegado s a este punto, paseemos este lado de la Ría en dirección a la zona de San Francisco (es decir, hacia nuestra derecha si miramos hacia el río). San Francisco no es una zona muy recomendable para adentrarse, pero por las afueras no hay problema.

Cuando lleguéis al puente de San Antón, si subís por la calle Claudio Gallastegui llegaréis hasta el parque Miribilla, un buena lugar para pararse a descansar y relajarse.

¿Qué comer?

Espero que seáis de buen comer porque así podréis aprovechar las exquisiteces que nos ofrece la ciudad vasca. Tal vez lo primero que os haya venido a la cabeza sean los famosos pintxos ¡Bingo! En casi todos los bares y/o cafeterías podréis degustar una gran variedad de pintxos, a cada cual más rico; a mí de los que más me gustan son los de tortilla de patata “rellena”, esto es: hacen una tortilla de patata, la abren por la mitad y la rellenan de diversos ingredientes.

Y como dicen que cada maestrillo tiene su librillo, podréis encontrar diversos estilos de tortilla con rellenos diferentes, solo tendréis que encontrar el que más os guste. Para comidas más copiosas o de otro tipo, en casi todos los restaurantes ofrecen caldo casero. Tampoco suelen faltar el bacalao, las rabas y los txipirones.

La bebida lo más probable es que te la sirvan en unos vasos que popularmente se conocen como txikitos, un peculiar vaso de vino que se utiliza en muchos barrios de la ciudad desde hace más de un siglo y que llama la atención por su gran peso, su reducida capacidad y el particular diseño de su base.

En cuanto al dulce, no podéis iros de Bilbao sin probar sus famosos pasteles de arroz. Advierto: no es un postre demasiado dulce y, al contrario de lo que su nombre indica, no está hecho con arroz…

Y por supuesto, que no falte el café. Cuando yo era pequeña, mi madre siempre me decía que el truco que tenían en Bilbao para que el café estuviera tan rico es que echaban un poco de nata líquida a la leche. Bien, no sé si seguirán haciéndolo, pero desde luego aún no he tomado ningún café malo en la ciudad.

Museo Guggenheim

Tanto si os gusta el arte como si no, una visita obligada cuando se va a Bilbao es el Museo Guggenheim, situado en la zona de Abandoibarra, a la orilla de la Ría. Se trata de un museo de arte contemporáneo cuya característica más llamativa de primeras es su estructura de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio, con formas curvilíneas y retorcidas. Tampoco nos pasará desapercibido Puppy, el enorme perro recubierto de flores que preside la entrada al museo, ni la enorme araña de 10 metros de altura (llamada Mamá), situada en la parte trasera.

El precio del museo ronda los 11 euros (precio estándar de adulto), y en cuanto a las exposiciones, éstas dependen de la época, lo interesante sería mirar en su web qué se expone en los días en los que vayáis a ir. Eso si os gusta el arte; yo, por mi parte, me limité a ver el museo por fuera.

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Y ya que estamos por la zona del Guggenheim, paraos a observar los puentes más llamativos que se ven desde esta posición: el puente de los Príncipes de España (o Puente de La Salve), que distinguiréis de los demás por su color rojo; el puente de Zubizuri (o puente Blanco), diseñado por Santiago Calatrava; el puente Pedro Arrupe, pasarela construida en acero cuyo interior es de madera; el puente levadizo de Deusto; y el puente Euskalduna, un viaducto situado entre la plaza del Sagrado Corazón y Botica Vieja.

Para finalizar el día podéis pasear por la zona de la plaza del Sagrado Corazón y el parque de Doña Casilda Iturrizar, único pulmón verde de la ciudad hasta hace pocos años.

Día 2: el Casco Viejo

Para llegar a la zona del Casco Viejo el puente más directo para cruzar la Ría es el del Arenal. En este lado de la ciudad, lo primero que veremos es el Teatro Arriaga y la iglesia de San Nicolás, y si subimos por la calle Arenal llegaremos hasta la Plaza Nueva, de estilo neoclásico y que vendría a ser la Plaza Mayor; en ella se establece todos los domingos el mercadillo en el que se venden diversos animales, sobre todo pájaros, y objetos de coleccionismo como monedas, sellos o diversas antigüedades.

Cerca de la plaza están la iglesia Santos Juanes y la Catedral de Santiago, esta última de estilo gótico y que toma el nombre del patrón de Bilbao. En este punto, estamos en la zona conocida como Las siete calles, el barrio más antiguo y núcleo originario de la ciudad, y que hace referencia a las siete calles medievales que históricamente formaron el casco viejo: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Ballena. Es una zona peatonal en la que los comercios clásicos se alternan con otros más innovadores, bares y restaurantes. He de asegurar que este barrio tiene un encanto especial y no deja indiferente.

Todas estas calles acaban en La Ribera, en donde se encuentra el mercado de la Ribera (edificio muy monumental que asemeja ser una fábrica y que es referencia comercial para todo el País Vasco), la iglesia de San Antón, la plaza Santos Juanes y la estación de Atxuri, desde donde parte el Euskotren (por ejemplo, si queremos coger un tren a San Sebastián lo haremos desde esta estación por 9 € i/v aprox. -febrero 2012-.).

Ahora subiremos por la calle Ronda, en la que nació Miguel de Unamuno, hasta llegar a la plaza de este mismo autor, y tomaremos la calle Iturribide hasta que confluya con la calle Prim. En esta última encontraréis unos ascensores que suben directamente hasta la zona de Santutxu. Advertencia: os recomiendo coger el ascensor, ya que la calle Iturribide es muy larga y en algunos tramos empinada y podéis acabar con la lengua arrastrando por el suelo cuando lleguéis hasta Santutxu. El propósito en esta zona es llegar hasta la Basílica de Begoña, santuario de la patrona de Vizcaya y cuya virgen, la Amatxo, goza de gran devoción entre los bilbaínos; está construida sobre el lugar donde se supone que se apareció la virgen a principios del siglo XVI, y es de estilo gótico vasco.

La bajada de vuelta a la zona del casco viejo puede hacerse andando, o, si no, en Santutxu podeis coger el metro hasta la parada de Casco Viejo y aprovechar para descansar un poco. Se me ha olvidado comentar que en esta zona, a la salida de esta parada de metro, están las Calzadas de Mallona, escaleras que suben directamente hasta la basílica y que están compuestas por 311 escalones y 46 descansillos; una vez subidos 207 escalones, existe una desviación a la izquierda, con 62 escalones más, que comunica con la zona del ascensor de Begoña, que parte de la calle Esperanza, junto a la iglesia de San Nicolás. Yo, desde luego, opté por el ascensor de la calle Prim, aunque luego tuve que callejear por Santutxu hasta llegar a la basílica.

También por esta zona está el Parque Etxebarria, un amplio espacio en cuesta sobre una de las laderas que rodean el valle en el que se ubica la ciudad, lo que permite disfrutar de una de las mejores vistas sobre la zona centro. En el centro del parque, se conserva una chimenea original como homenaje a la antigua fundición, un hito que puede verse desde casi cualquier punto de Bilbao.

Día 3: Puente Bizcaia y Funicular de Artxanda

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En este tercer día cogeremos el metro para poder ir a las afueras de Bilbao. Primeramente, habrá que coger la línea roja (línea 1) de Metro y bajarse en la estación de Areeta – Las Arenas, en donde se encuentra el famoso puente Vizcaya o puente colgante, se trata de un puente transbordador de peaje que une los dos márgenes de la ría: la villa de Portugalete y el barrio de Las Arenas. Fue inaugurado en 1893 y es el primero de su tipología en el mundo, su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. Es una construcción curiosa cuanto menos y que se sigue usando en la actualidad, numerosos coches y peatones lo utilizan para cruzar la ría. El precio no es muy elevado, creo recordar que sin vehículo se paga alrededor de 0,35 €, y si se va con vehículo, unos 1,30 €. También existe la posibilidad de subir a la pasarela del puente para disfrutar de las vistas de la ciudad, el precio es de 5 €, y, sinceramente, yo lo consideré desproporcionado, teniendo en cuenta que también podremos disfrutar de unas excelentes vistas desde el monte Artxanda.

Para llegar a Artxanda, volveremos a la parada de metro de Areeta e iremos hasta Moyua, en donde saldremos a la plaza del mismo nombre. Tendremos que bajar por la calle Ercilla y cruzar la ria por el puente Zubizuri, subiremos por la calle Múgica y Butrón y llegaremos hasta la entrada del funicular. El precio del viaje es de 0,90 € solo ida, la vuelta la tendremos que comprar cuando queramos bajar (no venden billetes de ida y vuelta) y la frecuencia de salida es de 15 minutos. Merece la pena subir en este funicular, puesto que desde el monte se disfruta de unas hermosas vistas panorámicas de la villa y de la desembocadura de la ría.

Concluidas estas dos visitas, ya solo queda hacer alguna ruta libre para acabar el día. Existe una rica oferta cultural y gastronómica que merece la pena aprovechar, desde museos hasta monumentos, salas de exposiciones, parques, jardines… y por supuesto bares y restaurantes típicos. Yo, por mi parte, lo principal que he visto durante los tres días que estuve en Bilbao es lo que os expuesto, y por supuesto hay mucho más por ver, para mí la próxima vez. ¿Tenéis vosotros algo más que aconsejarme?

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Coordenadas GPS: 43°15′25″N 2°55′25″O


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