Oporto, dulce y añejo

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A Oporto, como a los buenos vinos, le sienta bien envejecer. Su glorioso pasado colonial ha dejado un legado, más o menos vivo, de iglesias azulejadas, torres, palacios y murallas. Nada más llegar a la preciosa Estación de Sâo Bento, en pleno centro de la ciudad, te das cuenta de que la segunda ciudad más grande de Portugal vive su pasado con añoranza. Oporto es la ciudad del vino, pero también de la melancolía. Eso no quita que, por su peso cultural, demográfica e industrial se considere como la ‘capital del Norte’ portugués.

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Edificios coloniales abandonados a su suerte, el empedrado imperfecto de sus calles, la decadencia asumida, lo hacen bello. Oporto no es la ciudad más bonita de Portugal, pero tiene algo que la hace especialmente atractiva.

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Su centro histórico, el barrio de la Baixa, o el hoy turístico barrio de Ribeira, ofrecen la mejor postal de la ciudad de los siete puentes. El Portugal más auténtico y más humano se descubre en cada tasca, taberna y tienda de esta zona declarada en 1996 por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad. El sonido de las gaviotas, el olor del río Duero y de las bodegas de Vila Nova de Gaia te atrapan. Es una ciudad perfecta para el olfato, pero también para otros sentidos como la vista o el gusto.

La diferencia de precios entre España y Portugal a día de hoy es otra ventaja importante a la hora de disfrutar la escapada. Tanto es así que te puedes tomar un par de cañas enfrente de uno de sus principales monumentos, la Torre Dos Clerigos, por 2 euros. ¿En alguna plaza mayor de las grandes capitales españolas se puede hacer eso?

Por no hablar del ‘tapeo’ portugués, más conocido como ‘petiscos’. Callejeando en los alrededores de la Torre dos Clerigos, desde donde hay unas vistas 360º espectaculares de la ciudad, descubrimos una pequeña taberna familiar, Tasca Gourmet Santo Antonio (Rua Bataria Da Vitória, 80), donde por menos de 8 euros comes típica comida portugesa recién hecha. Se trata de un restaurante sencillo, recogido, familiar con apenas 5 mesas y sin carta, ni menú. La cocinera prepara platos típicos portugueses como las puhnetas de bacalao o las feijoadas… Los expone en la cocina y el comensal elige qué quiere comer. Todo un descubrimiento. Además, el vino blanco de la casa está exquisito.

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Oporto no solo es piedra histórica, también ofrece muchos atractivos turísticos como la vanguardista Casa da Música (metro Casa da Música), un edificio arquitectónicamente imposible que tiene tantos admiradores como detractores. El exterior sorprende y el interior aún más. Desde este punto se puede coger cualquier bus urbano para bajar la kilométrica Avenida da Boavista para conocer el pulmón verde de la ciudad, el Parque da Cidade, no sin antes hacer una parada obligada en el Museo Fundación Serralves.

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No podemos irnos de Oporto sin visitar alguna de las muchas bodegas que han dado fama mundial a la ciudad y su vino dulce. Cruzando el paso peatonal del Puente Luis I hacia Vila Nova de Gaia, encontraremos un montón de bodegas de renombre como Sandemán o Calém. Nosotros visitamos la bodega Croft que está más escondida y mereció la pena, pues la visita siempre acaba con una degustación de sus mejores vinos.

Es probable que superemos la tasa de alcoholemia de peatón y para evitar dejarnos los piños en la famosa ‘calçada portugueisa’, siempre podemos coger el nuevo teleférico de Gaia para volver al hotel desde arriba. Las vistas y la comodidad merecen los 5 euros (tarifa agosto 2011) que cuesta el billete sencillo.

Matosinhos, disfrutar a toda costa

Una de las ventajas que tiene visitar Oporto en verano son sus infinitas playas ubicadas en la desembocadura del río Duero, tanto a izquierda (las de Vila Nova de Gaia) como a la derecha (Matosinhos). Nos centraremos en visitar estar últimas por ser las mejor comunicadas con el centro de la ciudad. El moderno metro ligero de Oporto nos llevará hasta el mismísimo corazón de Matosinhos Sul, desde donde podremos visitar el Castelo do Queijo, el auténtico Mercado de Abastos o contemplar la anémona gigante que da algo de sombra a la Praça Cidade do Salvador, en pleno paseo Martítimo.

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Una vez que crucemos el puente móvil, llegaremos a las piscinas naturales, Piscinas das Marés, obra del prestigioso arquitecto Álvaro Siza, donde previo pago de 5 euros los fines de semana (tarifa agosto 2011), podremos darnos un chapuzón con estilo. Aunque lo que de verdad impresiona son las infinitas playas atlánticas alejadas del paseo marítimo, donde el ambiente familiar y masificado cansa. Lo mejor es dejarse guiar por las sendas de madera que siguen el contorno de la costa para encontrar nuestro rincón perfecto para disfrutar de estas playas. Lo importante es no tirar la toalla (antes de tiempo). De verdad que compensa alejarse del bullicioso Paseo Marítimo de Matosinhos.

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¡Top Tip!

¿Os apetece disfrutar de un romántico paseo por la ribera del Duero? Lo mejor es comprar los tickets por anticipado en alguna de las oficinas de Turismo repartidas por el centro (cerca de la estación de Sâo Bento en la Rua Mouzinho da Silveira hay una), ya que por los mismos 10 euros (agosto 2011) que cobran a pie de barco, estos tickets oficiales ofrecen una visita con degustación a una de las mejores bodegas de Vila Nova De Gaia, Croft.

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Coordenadas GPS: 41° 9′ 0″ N, 8° 38′ 0″ W

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Acerca de Jose Ortega


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