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Sintra, el bosque fantástico

Érase una vez un frondoso bosque repleto de Palacios, Castillos, parques y jardínes botánicos. A tan solo 30 minutos de la capital lusa, nos adentramos en la villa de las maravillas, más conocida como Sintra. Uno de los lugares más románticos de Portugal, cuya visita es indispensable.

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Merece la pena madrugar para coger uno de los trenes que cada 20-30 minutos salen de la Estaçao do Rossio, en el centro de Lisboa, y aprovechar la luz del día de esta maravilla palaciega. Con suerte nos dará tiempo a ver la mayoría de los parques y Palacios que adornan Sintra, desde el Palacio Nacional de Sintra con sus características chimenas árabes hasta el Parque y Palacio de la Pena o el Castillo de los Moros, en lo más alto de la Sierra de Sintra.

Desde el paseo que lleva de la Estación de Tren al Centro Histórico nos podemos hacer una idea de la majestuosidad de la Villa de Sintra y la mezcla del verde frondoso con las fachadas color pastel de sus edificios.

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La primera parada es inevitable. El Palacio Nacional de Sintra, que con su discreta fachada, da la bienvenida a los miles de turistas que llegan cada día. Esta construcción de origen árabe puede parecer sosa por fuera, pero compensa su excelsa belleza interior. Los azulejos y las lámparas de muchas salas son espectaculares.

Enigmática y sorprendente

Alejándonos del centro, encontramos la que para nosotros fue el gran descubrimiento de la visita, la Quinta da Regaleira, uno de los monumentos más espectaculares del complejo Cultural de Sintra. Ya desde su portón se intuye la magia de su Palacio y sus jardínes. No podemos irnos sin subir a la azotea del Palacio, desde donde hay vistas a la sierra y si no hay muchas nubes al Océano Atlántico.

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Una obra maestra llena de simbolismo, misticismo y rincones que pasan inadvertidos de primeras. Una de las principales atracciones que ofrece la visita es la Torre invertida que se hunde 27 metros hacia el suelo a través de una escalinata espiral. Un recorrido que, -simbólicamente- nos lleva de la luz a las tinieblas y nos adentra en un recorrido subterráneo que conecta varias zonas de la Quinta, para luego salir de nuevo al exterior a través de una cascada. ¡Espectacular!

20130327-003717.jpgOtro de las grandes tesoros de Sintra es su inmenso Parque de la Pena, que tiene al Palacio del mismo nombre como principal atracción turística. Con su colorido y sus formas esféricas bien podría ser un Palacio imaginado por Walt Disney.  Nuestro consejo es no dejarse cegar por la belleza del Palacio y perderse por el Parque, porque esconde rincones realmente bellos como el Minarete de las Columnas o el Valle de los Lagos. Y esto son dos recomendaciones personales, porque con una extensión de 85 hectáreas ya os podéis imaginar lo inabarcable que puede llegar a ser el Parque de la Pena. No es muy recomendable hacer senderismo por nuestra cuentra y riesgo sin un mapa que nos ayude a situarnos. Si el Parque fuera un pajar, tenemos todas las papeletas de ser la aguja.

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¡Ah! Se nos olvidaba algo muy importante, lo sensato es subir y bajar del Parque Da Pena en el bus circular 343 (ida/vuelta 5 euros. Tarifa 2012). Subir a pie es una auténtica locura y mucho más si es verano. A la vuelta, si quieres asegurarte asiento en el bus -en el regreso suele ir muy lleno-, mejor si esperas en la parada del Portón de los Lagos.

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Coordenadas GPS: 38º 47 91083 W9 23.28641


Bilbao, a todo color

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Si viajas a Bilbao lo primero que tienes que saber es que no te vas a encontrar una ciudad tan luminosa como por ejemplo puede serlo San Sebastián. O tal vez es que yo siempre la he recordado nublada y húmeda, al igual que la he encontrado esta última vez que he ido. Sin embargo, me sigue transmitiendo algo especial, no sabría describir muy bien qué es. De pequeña pasé algunas temporadas allí, en casa de mis abuelos, así que seguramente no pueda ser muy objetiva a la hora de hablaros de ella, pero voy a intentarlo…

Para empezar, me gustaría destacar tres cosas importantes de Bilbao, al menos para mí: su gente, la comida y el encanto de pasear por las “siete calles”, en el casco viejo.

Si realizáis una escapada fugaz, la visita a la ciudad podría realizarse por ejemplo en tres días. Si son más, mejor, pero voy a hacer un pequeño itinerario para ver lo básico. No pretendo ejercer de guía sino enseñaros lo que yo he visto esta última vez que estuve por allí.

Día 1: centro de la ciudad

Si habéis llegado en avión, el autobús 3247 os bajará al centro de Bilbao, lo que aprovechamos para comenzar la visita desde el Termibus, situado en la zona de San Mamés. Los más futbolerxs seguramente quieran ir a ver el Campo de juego, situado a pocos metros de la terminal. Después, podéis coger la Avenida Alameda de Urquijo, que recorre prácticamente todo el centro. En la zona de Indautxu se encuentran el edificio de la Alhóndiga y la Sede Osakidetza. El primero es un centro de ocio y cultura, y lo que más llama la atención son las 43 columnas diferentes que soportan unos cubos de ladrillo construidos en el interior. La Sede Osakidetza, por su parte, es un moderno edificio de vidrio formado por diferentes prismas. Sin duda, dos construcciones que no hay que perderse.

http://bloguerosviajeros.comContinuando por la avenida está el Teatro Campos Elíseos, y muy cerca de allí, el Palacio de la Diputación Foral y la Iglesia del Sagrado Corazón. Alameda de Urquijo desemboca en la Gran Vía López de Haro, centro neurálgico y comercial de Bilbao. Si subís por esta vía y llegais hasta la Plaza Moyua podréis ver el Palacio Chávarri, sede del gobierno civil, y la Casa Montero, construcción modernista en la que destaca la ornamentación de la fachada. Estáis ahora en la zona de Abando, tras la cual se sitúa el museo Guggenheim.

Bajando de nuevo por López de Haro se llega hasta la Plaza Circular, en donde se encuentra el monumento a Don Diego López de Haro. Ya empezaréis a ver la famosa Ría de Bilbao, que separa el casco antiguo de la zona más moderna. Alrededor de la plaza, lo más interesante para ver es la estación de Abando Indalecio Prieto (en cuyo interior hay una enorme vidriera que da un color especial a la estación), el edificio de la Bolsa, el edificio de la Sociedad Bilbaína y la estación de Santander-La Concordia (considerada uno de los patrimonios más genuinos del Bilbao de la Belle Epoque). Mi consejo es que, llegado s a este punto, paseemos este lado de la Ría en dirección a la zona de San Francisco (es decir, hacia nuestra derecha si miramos hacia el río). San Francisco no es una zona muy recomendable para adentrarse, pero por las afueras no hay problema.

Cuando lleguéis al puente de San Antón, si subís por la calle Claudio Gallastegui llegaréis hasta el parque Miribilla, un buena lugar para pararse a descansar y relajarse.

¿Qué comer?

Espero que seáis de buen comer porque así podréis aprovechar las exquisiteces que nos ofrece la ciudad vasca. Tal vez lo primero que os haya venido a la cabeza sean los famosos pintxos ¡Bingo! En casi todos los bares y/o cafeterías podréis degustar una gran variedad de pintxos, a cada cual más rico; a mí de los que más me gustan son los de tortilla de patata “rellena”, esto es: hacen una tortilla de patata, la abren por la mitad y la rellenan de diversos ingredientes.

Y como dicen que cada maestrillo tiene su librillo, podréis encontrar diversos estilos de tortilla con rellenos diferentes, solo tendréis que encontrar el que más os guste. Para comidas más copiosas o de otro tipo, en casi todos los restaurantes ofrecen caldo casero. Tampoco suelen faltar el bacalao, las rabas y los txipirones.

La bebida lo más probable es que te la sirvan en unos vasos que popularmente se conocen como txikitos, un peculiar vaso de vino que se utiliza en muchos barrios de la ciudad desde hace más de un siglo y que llama la atención por su gran peso, su reducida capacidad y el particular diseño de su base.

En cuanto al dulce, no podéis iros de Bilbao sin probar sus famosos pasteles de arroz. Advierto: no es un postre demasiado dulce y, al contrario de lo que su nombre indica, no está hecho con arroz…

Y por supuesto, que no falte el café. Cuando yo era pequeña, mi madre siempre me decía que el truco que tenían en Bilbao para que el café estuviera tan rico es que echaban un poco de nata líquida a la leche. Bien, no sé si seguirán haciéndolo, pero desde luego aún no he tomado ningún café malo en la ciudad.

Museo Guggenheim

Tanto si os gusta el arte como si no, una visita obligada cuando se va a Bilbao es el Museo Guggenheim, situado en la zona de Abandoibarra, a la orilla de la Ría. Se trata de un museo de arte contemporáneo cuya característica más llamativa de primeras es su estructura de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio, con formas curvilíneas y retorcidas. Tampoco nos pasará desapercibido Puppy, el enorme perro recubierto de flores que preside la entrada al museo, ni la enorme araña de 10 metros de altura (llamada Mamá), situada en la parte trasera.

El precio del museo ronda los 11 euros (precio estándar de adulto), y en cuanto a las exposiciones, éstas dependen de la época, lo interesante sería mirar en su web qué se expone en los días en los que vayáis a ir. Eso si os gusta el arte; yo, por mi parte, me limité a ver el museo por fuera.

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Y ya que estamos por la zona del Guggenheim, paraos a observar los puentes más llamativos que se ven desde esta posición: el puente de los Príncipes de España (o Puente de La Salve), que distinguiréis de los demás por su color rojo; el puente de Zubizuri (o puente Blanco), diseñado por Santiago Calatrava; el puente Pedro Arrupe, pasarela construida en acero cuyo interior es de madera; el puente levadizo de Deusto; y el puente Euskalduna, un viaducto situado entre la plaza del Sagrado Corazón y Botica Vieja.

Para finalizar el día podéis pasear por la zona de la plaza del Sagrado Corazón y el parque de Doña Casilda Iturrizar, único pulmón verde de la ciudad hasta hace pocos años.

Día 2: el Casco Viejo

Para llegar a la zona del Casco Viejo el puente más directo para cruzar la Ría es el del Arenal. En este lado de la ciudad, lo primero que veremos es el Teatro Arriaga y la iglesia de San Nicolás, y si subimos por la calle Arenal llegaremos hasta la Plaza Nueva, de estilo neoclásico y que vendría a ser la Plaza Mayor; en ella se establece todos los domingos el mercadillo en el que se venden diversos animales, sobre todo pájaros, y objetos de coleccionismo como monedas, sellos o diversas antigüedades.

Cerca de la plaza están la iglesia Santos Juanes y la Catedral de Santiago, esta última de estilo gótico y que toma el nombre del patrón de Bilbao. En este punto, estamos en la zona conocida como Las siete calles, el barrio más antiguo y núcleo originario de la ciudad, y que hace referencia a las siete calles medievales que históricamente formaron el casco viejo: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Ballena. Es una zona peatonal en la que los comercios clásicos se alternan con otros más innovadores, bares y restaurantes. He de asegurar que este barrio tiene un encanto especial y no deja indiferente.

Todas estas calles acaban en La Ribera, en donde se encuentra el mercado de la Ribera (edificio muy monumental que asemeja ser una fábrica y que es referencia comercial para todo el País Vasco), la iglesia de San Antón, la plaza Santos Juanes y la estación de Atxuri, desde donde parte el Euskotren (por ejemplo, si queremos coger un tren a San Sebastián lo haremos desde esta estación por 9 € i/v aprox. -febrero 2012-.).

Ahora subiremos por la calle Ronda, en la que nació Miguel de Unamuno, hasta llegar a la plaza de este mismo autor, y tomaremos la calle Iturribide hasta que confluya con la calle Prim. En esta última encontraréis unos ascensores que suben directamente hasta la zona de Santutxu. Advertencia: os recomiendo coger el ascensor, ya que la calle Iturribide es muy larga y en algunos tramos empinada y podéis acabar con la lengua arrastrando por el suelo cuando lleguéis hasta Santutxu. El propósito en esta zona es llegar hasta la Basílica de Begoña, santuario de la patrona de Vizcaya y cuya virgen, la Amatxo, goza de gran devoción entre los bilbaínos; está construida sobre el lugar donde se supone que se apareció la virgen a principios del siglo XVI, y es de estilo gótico vasco.

La bajada de vuelta a la zona del casco viejo puede hacerse andando, o, si no, en Santutxu podeis coger el metro hasta la parada de Casco Viejo y aprovechar para descansar un poco. Se me ha olvidado comentar que en esta zona, a la salida de esta parada de metro, están las Calzadas de Mallona, escaleras que suben directamente hasta la basílica y que están compuestas por 311 escalones y 46 descansillos; una vez subidos 207 escalones, existe una desviación a la izquierda, con 62 escalones más, que comunica con la zona del ascensor de Begoña, que parte de la calle Esperanza, junto a la iglesia de San Nicolás. Yo, desde luego, opté por el ascensor de la calle Prim, aunque luego tuve que callejear por Santutxu hasta llegar a la basílica.

También por esta zona está el Parque Etxebarria, un amplio espacio en cuesta sobre una de las laderas que rodean el valle en el que se ubica la ciudad, lo que permite disfrutar de una de las mejores vistas sobre la zona centro. En el centro del parque, se conserva una chimenea original como homenaje a la antigua fundición, un hito que puede verse desde casi cualquier punto de Bilbao.

Día 3: Puente Bizcaia y Funicular de Artxanda

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En este tercer día cogeremos el metro para poder ir a las afueras de Bilbao. Primeramente, habrá que coger la línea roja (línea 1) de Metro y bajarse en la estación de Areeta – Las Arenas, en donde se encuentra el famoso puente Vizcaya o puente colgante, se trata de un puente transbordador de peaje que une los dos márgenes de la ría: la villa de Portugalete y el barrio de Las Arenas. Fue inaugurado en 1893 y es el primero de su tipología en el mundo, su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. Es una construcción curiosa cuanto menos y que se sigue usando en la actualidad, numerosos coches y peatones lo utilizan para cruzar la ría. El precio no es muy elevado, creo recordar que sin vehículo se paga alrededor de 0,35 €, y si se va con vehículo, unos 1,30 €. También existe la posibilidad de subir a la pasarela del puente para disfrutar de las vistas de la ciudad, el precio es de 5 €, y, sinceramente, yo lo consideré desproporcionado, teniendo en cuenta que también podremos disfrutar de unas excelentes vistas desde el monte Artxanda.

Para llegar a Artxanda, volveremos a la parada de metro de Areeta e iremos hasta Moyua, en donde saldremos a la plaza del mismo nombre. Tendremos que bajar por la calle Ercilla y cruzar la ria por el puente Zubizuri, subiremos por la calle Múgica y Butrón y llegaremos hasta la entrada del funicular. El precio del viaje es de 0,90 € solo ida, la vuelta la tendremos que comprar cuando queramos bajar (no venden billetes de ida y vuelta) y la frecuencia de salida es de 15 minutos. Merece la pena subir en este funicular, puesto que desde el monte se disfruta de unas hermosas vistas panorámicas de la villa y de la desembocadura de la ría.

Concluidas estas dos visitas, ya solo queda hacer alguna ruta libre para acabar el día. Existe una rica oferta cultural y gastronómica que merece la pena aprovechar, desde museos hasta monumentos, salas de exposiciones, parques, jardines… y por supuesto bares y restaurantes típicos. Yo, por mi parte, lo principal que he visto durante los tres días que estuve en Bilbao es lo que os expuesto, y por supuesto hay mucho más por ver, para mí la próxima vez. ¿Tenéis vosotros algo más que aconsejarme?

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Coordenadas GPS: 43°15′25″N 2°55′25″O


Próximo destino: Estambul

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Madrid, ciudad inmortal

Monumental. Hiperactiva. Acogedora. Cosmopolita. Abierta. Intensa. Infinita. Podría llenar este post de adjetivos calificativos para definir todo lo que es Madrid para mi, pero siempre me quedaría corto. Cada visita a Madrid es diferente, porque ¡faltan horas al día! La capital es una explosión de energía. Habrá quien piense lo contrario, pero Madrid mola. Y mucho.
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Puedes pasar un día, un finde, una semana, un mes… toda una vida y, Madrid, siempre es una novedad. Por eso, para este primer post sobre mi ciudad, voy a poner un límite de 48 horas para hacer que vuestra visita a la capital sea inolvidable y os quedéis con ganas de repetir. Cualquier época del año es buena para venir a Madrid, pero el otoño y la primavera son perfectas para quedarse unos días en la capital. Os recomiendo visitar la web turística oficial para estar al tanto de la agenda de eventos de la ciudad, porque ya os digo que la oferta de ocio es inabarcable.

De Madrid al cielo

Primer día: 24 horas sin parar
Para los que la visiten por primera vez, partiremos del emblemático kilómetro cero en la Puerta del Sol (estación de metro y cercanías Sol), desde donde nacen todas la autovías radiales de España. Una vez allí es obligatoria la visita a la monumental y acogedora Plaza Mayor, desde donde podemos en unos minutos al Mercado de San Miguel, el templo de los sibaritas urbanos. Donde lo mismo te puedes tomar unas ostras con cava, que una caña bien fría con patatas fritas artesanales o el sushi más sofisticado.
Callao MadridPara evitar la mala conciencia y estos pecados gastronómicos (es imposible resistirse al encanto del Mercado de San Miguel y no tomarse nada), subiremos a la zona de Opera por la calle Mayor o por la calle Arenal. De ahí al Palacio Real y sus cuidados jardines. Por increíble que parezca, en plena zona turística, te puedes tomar una jarrota de cerveza bien fría por un euro en la cervecería 100montaditos frente a la Opera. El resto de bares, intocables o demasiado enfocado al turista con pasta.

Desde el Palacio Real subimos a Plaza de España para enganchar con la Gran Vía hasta la Plaza de Callao, el epicentro de la centenaria vía madrileña, donde los musicales nos hacen creer que estamos en una especie de Broadway castizo. Si de tanto darle a la pata empezamos a cansarnos, el metro y las líneas de bus nos aliviaran unos cuantos kilómetros. Es muy típico entre los madrileños y su lenguaje coloquial eso de ‘sí, está aquí al lado’ al preguntar por una calle o dirección. Pues bien, ese ‘aquí al lado’ hay que tomarlo con mucha prudencia y entrecomillas, porque el pateo está asegurado. Así que lo más sensato es coger el bus 146 que nos lleve de Gran Vía a Cibeles, para rendir tributo a la diosa Cibeles (no hace falta ser merengue para el culto) y luego enganchar con el famoso Paseo del Arte y visitarnos de una tacada: el Museo del Prado, el Thyssen, el Reina Sofia y Caixaforum Madrid, con su curioso cuanto menos jardín vertical.

Segundo día: 24 horas de relax
Madrid me mata. ¡Gran frase y gran verdad! Es muy posible que después del tute de ayer, tengamos agujetas hasta en las pestañas. Así que hoy, a tomárselo con más calma. Como un retiro a tiempo es una victoria, os recomiendo visitar cualquiera de los grandes parques que tiene la capital como El Retiro, Casa de Campo, Parque Juan Carlos I o El Capricho. Y si buscas vivir una experiencia de película, pasa una tarde en los baños árabes Medina Mayrit o refréscate en la nueva zona verde de la ciudad, Madrid Rio. Al caer la tarde y antes de volver a casa, buscaría alguna terracita por Malasaña, Tribunal o Chueca para recapitular los mejores momentos de vuestra visita a Madrid.

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¡Top Tip! Abono transporte para turistas

Después del ‘tarifazo’ promovido por la señora Aguirre subiendo el billete sencillo de metrobus de 1 a 1,50 euros, para moverse Madrid os recomiendo es sacar un abono turístico de dos días con el que podremos movernos ilimitadamente durante 48 horas en metro, bus, tranvía ML1 y cercanías zona A Renfe. Teniendo en cuenta que un abono de 10 viajes cuesta ya la friolera de 9,30 euros, trae cuenta hacerse con uno de estos abonos turísticos por 10 euros (agosto 2011). Somos turistas, no gilipollas. Seguro que en una sola tarde lo amortizáis.

Coordenadas GPS: 40° 25′ 0″ N, 3° 42′ 0″ W

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