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Próximo destino: Sintra

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Lisboa, una acuarela atlántica

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Cantaba Toquinho en su canción ‘Aquarela’ -su mayor éxito en España y Portugal-, que “los malos tiempos pasarán, piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo, que colorear…“. Pues si la vida es un lienzo por colorear, ese lienzo, sin duda, es Lisboa. Una obra pictórica de siglos que tiene al estuario del río Tajo como bastidor.

bloguerosviajerosEn la paleta lisboeta se mezclan frustraciones, nostalgias, alegrías y el inevitable paso del tiempo. No es de extrañar que el fado sea la expresión musical más conocida de la música portuguesa, porque Lisboa es como una acuarela desdibujada por los años. Al tiempo, tan pesimista y frustrada como optimista y soñadora. Incluso tienen un curioso vocablo para definir el estado de ánimo de la ciudad, el ‘Saudade’. Es esta personalidad compleja la que ofrece al viajero mucho más de lo que espera encontrar en la capital lusa.

Y no nos referimos a los imprescindibles turísticos de sobra conocidos por los visitantes de todo el mundo; Miradouro de Graça, Miradouro de Santa Luzia, las ruinas de Carmo junto al ascensor de Santa Justa, la praça Rossio, la recién remodelada Praça Marquês de Pombal o el Museo de Arte Contemporánea Calouste Gulbenkian, cuyos jardínes son un oasis en mitad del ajetreo luso. Sino a todos los rincones escondidos por la ciudad que solo los lugareños conocen a los que hacemos referencia a lo largo de este post.
Plaza Rossio
Con un clima bastante agradable y un cielo azul intenso la mayoría de los meses del año, Lisboa se asienta sobre siete colinas. Con lo que el calzado cómodo es más imprescindible que nunca, ya no solo por las empinadas cuestas y escaleras de subida a los Miradouros (miradores) sino por las aceras de mosaicos empedrados. La calçada portuguesa es famosa por su belleza, pero también por su animadversión a los tacones. Así que, no es recomendable pisar la calle sin el calzado apropiado.

bloguerosviajeros.jpgMoverse por Lisboa es fácil. En los últimos años la red de Metro y tranvías se ha modernizado mucho, conectando entre sí los barrios históricos con las nuevas zonas de ocio y negocio como el Parque Das Naçoes o la Avenida José Malhoa, respectivamente. Si el presupuesto del viaje no llega para sacar una LisboaCard de 72 horas (39 euros, tarifa diciembre 2012), lo más rentable es sacar un título de transporte diario (5 euros) válido para usar el metro, el tranvía, el tren de cercanías o los ferrys que unen las dos orillas del Tajo.

Nada más salir del Aeropuerto tendrás que comprar una tarjeta electrónica recargable Viva Viagem (0,50 céntimos, tarifa diciembre 2012), que podrás usar desde ese mismo momento. Compensa y mucho. Sobre todo por el elevado precio de los elevadores turísticos como el de Santa Justa (3,50 solo por subir, tarifa diciembre 2012).

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El metro, además de rápido y limpio, es toda una experiencia subterránea. Mención especial para la estética clubber de la estación Baixa-Chiado o las columnas góticas de la estación Parque, que parecen salidas de una película de Tim Burton. También merece la pena visitar la colección de esculturas representativas de los oficios clásicos en la estación Entre Campos. Si lo que queremos ver son espectaculares mosaicos de azulejos tendremos que hacer parada en Jardim Zoológico, Cidade Universitária, Oriente o Picoas.

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20130107-212416.jpgEl centro histórico se divide en tres zonas emblemáticas, agrupadas a su vez por barrios donde encontrar la esencia lisboeta; Baixa-Rossio, Alfama-Castelo, Bairro Alto-Chiado. Desde la Praça do Comércio -con su espectacular pórtico mercante a orillas del Tajo- nos adentramos en la bulliciosa Rua Augusta en pleno barrio de la Baixa. Subiendo esta céntrica calle, a mano derecha tenemos el laberíntico barrio de Alfama, que esconde entre sus mayores tesoros el colosal Castelo de Sao Jorge, con unas vistas privilegiadas y sus pintoréscos aledaños, con casas blancas y vecinas tendiendo la colada.

Lisboa panorámica

A mediodía este barrio atrapado en el tiempo huele a sárdinas recién asadas en las terrazas efímeras de muchos restaurantes. Eso sí, el tufillo a ‘restaurante para guiris’ huele a la legua, aunque todavía se pueden disfrutar de sitios auténticos de verdad como el centro cultural Chapitô (Rua Costa do Castelo s/n), un espacio multidisciplinar que sorprende a propios y extraños porque alberga una escuela de Circo, una asociación cultural y hasta un restaurante con vistas privilegiadas a los tejados lisboetas. Aunque la carte es muy limitada, merece la pena dejarse caer y tomarse un vinho verde acompañado por un plato de uvas y quesos del país al atarceder o una vez anochezca.

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Volviendo a la Baixa, como punto de partida y referencia, a mano izquierda queda el Bairro Alto-Chiado, el preferido de los jóvenes para salir de marcha, comprar ropa vintage y regalos originales. Es increíble como cambia el barrio por el día y por la noche, así que el mejor momento del día para visitarlo es a media tarde y aprovechar el espectacular atardecer desde el Miradouro de Santa Catarina, mientras suena de fondo algún hippie tocando la guitarra o los más jóvenes quedan para quemar la noche lisboeta en las bulliciosas calles de Chiado.

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Al encuentro del Fado

Aunque en cuestión de fados, la fama siempre la tuvo la zona de Bairro Alto-Chiado, es en Alfama donde los propios lisboetas se encuentran con sus lamentos cantados a fuego lento y mucho sentimiento. Para adentrarse en el universo del fado, lo mejor es hacerlo visitando el Club de Fado -con espectáculos a partir de las 22.00- o visitar Mesa de Frades -espectáculos a partir de las 22.30-, ambos en el barrio de Alfama y con consumición mínima de entre 10 y 15 euros. Otra opción por la zona es la Parreirinha de Alfama, en la calle Beco do Espírito Santo 1.

La Baixa Lisboa

Os Petiscos, el tapeo portugués

Si Lisboa enamora por sus conocidos fados, también ayudan las no tan conocidas tapas portuguesas, Os petiscos. Si para escuchar fado lo mejor es perderse por Alfama, para salir de marcha o echarse unas cervezas, lo mejor es visitar Bairro Alto-Chiado y visitar la mítica Cervejaria Trindade, un antiguo templo convertido en templo de la gula, por excelencia. No desesperes si no encuentras mesa nada más llegar, la cola es llevadera y puedes pedirte una cerveza en la barra de la entrada –O Refeitório– mientras te conviertes al ‘cervecismo’ más ortodoxo. ¿La carta? Será imposible no caer en la tentación sus carnes a la brasa.
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Si buscas algo menos popular y más alternativo, sin duda la Petiscaria Ideal o la Taberna Ideal (están la una enfrente de la otra en Rua da Esperança 100), En el deprimido barrio de Santos, se esconden dos locales acogedores y auténticamente portugues. No hay carta en papel, pero sí escrita en sus paredes con tiza. Entre todas las tapas destacan las tibornas (tostas de aceite y ajo) con ingredientes a elegir. Nuestra recomendación, pedir una tiborna de queso de cabra y miel. ¡Mmmagnífica!

Un consejo para los tragones impulsivos; Es muy habitual que nada más sentarnos en una mesa de cualquier restaurante nos pongan unas aceitunas negras, un pequeño queso semigraso o paté de sardina. ¡Ojo, no son cortesía de la casa! Si consumes todo o una parte, se te cobrará y a ver cómo le explicas al camarero/a que no lo habías pedido.

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Belém, la guinda del pastel

Para llevarnos el mejor sabor de boca de nuestra visita a la región de Lisboa, no hay nada mejor que dejarse caer por el célebre barrio de Belém, donde podremos visitar tres de los monumentos imprescindibles de cualquier visita a la capital portuguesa: el monolito de los Descubrimientos, la torre de Belém y el Monasterio de los Jeronimos, amén del Jardim do Ultramar o el moderno museo Colección Berardo (Centro Cultural de Belém). Lo mejor es coger un tren desde la estación de Cais do Sodré, para disfrutar del paseo, aunque la zona tenga una belleza muy portuaria, pero en días luminosos se disfruta mucho del viaje en paralelo al río Tajo.

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20130107-215401.jpgPese a lo que pudiera parecer la distancia entre un monumento es considerable, así que muy probablemente acabemos agotados de la visita. Menos mal que antes de coger el tren de vuelta a Lisboa, a unos metros de la estación -cruzando el parque- tenemos A Única Fabrica de Pasteis de Belém, donde recuperar energía a base del azúcar de sus famosos Pastéis de Nata, un dulce caliente que recuerda a las natillas caseras. Mejor con azúcar glacé y canela. Tranquilos, al comprar una te dan un sobrecito de cada para aderezarlo al gusto.

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Si todavía nos queda tiempo para seguir disfrutando de Lisboa, podemos pasar la mañana o la tarde en el Parque das Nações, la zona más alejada del centro y el barrio icono de la nueva Lisboa, con su Oceanográfico, Pabellón Atlántico, la Estación de Oriente que firma Santiago Calatrava o el espectacular Pabellón Portugués de la Expo 98, obra del genial Álvaro Siza. Para hacernos una idea panorámica de este nuevo espacio lisboeta, lo mejor es subir al teleférico sobre la Marina. Para los compradores compulsivos, frente a la Estación de Oriente se encuentra uno de los centros comerciales más grandes y completos de la ciudad. 20130107-212313.jpg

Luminosa, polifacética, hospitalaria, melancólica, sentimental, cosmopolita, conquistadora, fadista … Lisboa es una ciudad, pero también un estado de ánimo, un sentimiento que se proyecta desde cualquiera de los miradores de cada una de las siete colinas que dan forma a la fisonomia de la capital lusa. Lisboa es la vida misma.

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Coordenadas GPS: 38°42′49″N 09°08′21″O

Audio FX: Este post se redactó mientras sonaba el disco Fado Em Mim, de la fadista portuguesa Mariza (EMI Portugal 2011)


Próximo destino: Gredos

Ya está todo listo para nuestro primer blogtrip de la temporada. Este fin de semana, nos vamos a Gredos. Más concretamente a Hoyos del Espino, donde instalaremos nuestro campamento base en el Hostal Restaurante La Mira de Gredos. Ya de primeras y, por lo que hemos visto en las fotos de su web y en su página de Facebook, además de ser un sitio pintoresco, se debe comer de lujo. Debe ser que el frío abre el apetito.

El fin de semana se nos va a hacer corto con todo lo que tenemos planeado hacer. Por cierto, nos ha sido muy útil la información recogida en el portal VenAGredos, una auténtica ‘enciclopedia’ de la Sierra de Gredos. Viendo las recomendaciones de otros usuarios de esta comunidad de viajeros enamorados de la sierra de Gredos, me sorprede la cantidad de cosas que se pueden hacer allí.

Nosotros por lo pronto, tenemos pensado hacer una ruta cultural a caballo con Gredos Ecuestre por el entorno de Arenas de San Pedro (en la cara sur de la Sierra de Gredos). Tampoco vamos a perder de vista la cara norte, visitando la Casa del Parque de Sierra de Gredos, a través de la Fundación Patrimonio Natural Castilla y León.

Un blogtrip de Bloguerosviajeros.com

¡Como no ibamos a estar ilusionados con el blogtrip que se avecina! Con las buenas referencias que tenemos de esta zona abulense, y lo que hemos leído en las opiniones de varios usuarios de VenAGredos, no es para menos.

Parece ser que hasta los picos más altos del Macizo Central nos van a recibir con sus mejores galas, las primeras nieves de la temporada. En un par de días cambiaremos el contaminado aire de la Gran Vía madrileña por el aire de montaña.

Nos vemos en Gredos. Os contamos la experiencia y mucho más, a la vuelta. Natalia y José.

Coordenadas GPS: 40°15′N 5°13′O


Ávila, un tesoro amurallado

¿Necesitas hacer un kit kat? Ávila es la mejor terapia de choque contra el nuevo síndrome del urbanita, el resultado de mezclar estrés, atascos y gentío. Si vivir en una gran ciudad puede ser un infierno, Ávila es el paraíso necesario y oportuno. Y es que, más allá de las murallas medievales, quedan terminantemente prohibidos los coches, los ruidos y, sobre todo, las prisas. ¿Entramos?

Puerta entrada Ávila murallas Castilla León es vida

Nada más atravesar la Puerta del Alcazar -un buen lugar para empezar la visita-, el relój deja de marcar las horas haciendo caso, por una vez, al famoso bolero. Antes podemos dejar el coche ‘desterrad0’ unas horas en el Parking de la Plaza de Santa Teresa o El Grande o en el Parking del Parque del Rastro si entramos al centro por La Puerta del Rastro que va directamente a la Plaza del Ayuntamiento. Ambos caminos confluyen en la Plaza del Mercado Chico, donde está el Ayuntamiento de Ávila y algunos de los mejores bares de tapeo castellano como El Buen Yantar (Calle Vallespín, 1).

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Un consejo vital para el viajero: es muy probable que en el trayecto que va desde la Catedral al Ayuntamiento, nos aborden varias personas para ofrecernos menús, a priori, muy suculentos para los restaurantes de la calle Comuneros de Castilla, Enrique y Vara del Rey. Esta vez, el hambre nos hizo pensar con el estómago y lanzarnos a meternos de cabeza en el primer sitio recomendado en internet. ¡Error 404! Nos arrepentimos ya desde el primer plato: malo, escaso y caro. Hubiera sido más útil preguntar a los lugareños que nos habrían enviado a la calle Reyes Católicos, donde los restaurantes ofrecen más calidad por un precio igual o menor.

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Dentro de la ‘Gran Muralla’ románica, se esconden rincones que merecen la pena desvelar. En este viaje hemos descubierto unos cuantos que nos han dejado muy buen sabor de boca. Y no es para menos. Aunque solo sea por probar sus bombones de stracciatella o comprar la típica cajita de yemas de Santa Clara (desde 8 unidades), no te vayas de Ávila sin visitar Las Delicias del Convento, un auténtico palacio ‘gourmet’, donde encontraréis repostería monacal (yemas, huesos…), legumbres de la tierra, embutidos y el mejor trato de sus encargados.

Las delicias del convento

Lienzo Norte Ávila

Los edificios vanguardistas reclaman su espacio en la ciudad castellana, con permiso del legado arquitectónico románico, como el nuevo Palacio de Congresos ‘Lienzo Norte’ que refleja en sus partes acristaladas a las milenarias murallas, como si rindiera algo de pleitesía.

Buscas la mejor panorámica de la ciudad? Cruza la muralla y sube al antiguo humilladero de Cuatro Postes, desde donde podrás ver el monumental conjuto de las murallas de Ávila, o lo que es lo mismo, 2,5 kilómetros de piedra, 88 torres y 2500 almenas. A fin de cuentas, es gratis y posiblemente el mejor souvenir que uno puede llevarse de la ciudad.

Murallas de Ávila (Spain) by Blogueros Viajeros

Coordenadas GPS: 40°39′″N 4°41′″O


Aranda de Duero, el buen yantar

Aranda de Duero, capital de la Ribera del Duero, nos recibe siempre con la mesa puesta. Ya lo dice el refranero popular, tan castellano como estas tierras, ‘Aranda de Duero, Tierra de vino y cordero’. Y vaya si se cumple. Pasar un fin de semana en Aranda de Duero siempre deja buen sabor de boca, sobre todo si nos gusta pegarnos un homenaje de vez en cuando.

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Aranda se ha ganado a pulso ser un destino imprescindible para los amantes de los viajes gastroculturales. Imposible resistirse a su ‘lechazo’ acompañado de un buen vino. Con el plus de que solo en los bares de Aranda te puedes tomar un vino de la casa y que, con toda probabilidad, sea un Ribera del Duero como poco.

La ciudad interior

Uno de los grandes atractivos turísticos del municipio son sus Bodegas del siglo XV. Más de siete kilómetros de galerías que conectan una bodega con otra, como si de una ciudad subterránea se tratara, hacen la visita a las Bodegas Históricas una experiencia curiosa y diferente. Nosotros visitamos la Bodega Histórica Don Carlos (Calle Isilla, 1 esquina Josefina Arias de Miranda), de origen medieval y donde además de degustar varios vinos, ofrecen una original teatralización histórica. Está en pleno centro de Aranda de Duero, así que pilla a mano de todo.

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La visita cuesta 5 euros por persona (tarifa 2011), pero hay otras bodegas históricas cuya visita es gratuita como las del restaurante El Lagar, el mejor restaurante según los arandinos, donde también hicimos parada para degustar sus famosos lechazos y sus premiados pinchos calientes. Una recomendación: probar el pincho de Soufle de Bacalao. Delicíoso, incluso para los poco fans del bacalao, como yo.

Como no solo de comer y beber vive el viajero, con la vista también se puede saborear cada rincón del casco viejo arandino. Un punto para empezar la visita turística puede ser el monumental templo de Santa María La Real. En pleno casco histórico de Aranda de Duero se alza majestuoso este templo con aires de Catedral. Merece la pena ser visitado por la noche por el espectacular efecto de la iluminación en sus filigranas góticas.

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¡Top Tip!

Los más poperos saben bien que en Aranda de Duero, además del vino, el cartel del Sonorama Ribera mejora con los años hasta haberse convertido en uno de los festivales de música pop rock de referencia en España, amén de ser el más importante de Castilla y León. El festival suele celebrarse a mediados del mes de agosto.

Aranda de Duero Blogueros Viajeros

Coordenadas GPS: 41°40′17″N 3°41′11″O


Menorca, la isla bonita

No es que el resto de las Islas Baleares sean más feas. Ni mucho menos. Pero es que en cuanto uno pone el pie Menorca se da cuenta de que, muy a pesar del turismo, la isla mantiene intacto su sex-appeal original. Es de lejos, además, la isla más verde y mejor conservada del archipiélago balear.

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Si estabas buscando una isla para perderte, la acabas de encontrar. Menorca no tiene nada que envidiarle a esas playas del Caribe que a todos se nos antojan paradisíacas incluso sin haberlas pisado.www.bloguerosviajeros.com

Eso sí, hay que tomárselo con calma porque por pequeña que parezca (tiene un superficie de 700 kilómetros cuadrados de extensión), unas 50 calas solo son accesibles a pie o en barco. Nosotros, en un par de ocasiones y tras un pateo de hora y media, estuvimos a punto de tirar la toalla y no precisamente en las deseadas calas vírgenes. No siempre merece la pena la caminata, pues te puedes llevar la sorpresa de que una excursión de italianos con pinta de haber empalmado el día con la noche anterior tengan tomada la cala, como nos pasó en Macarella. Por eso, el primer consejo viajero es visitar la isla cualquier otro mes que no sea agosto. Aunque Menorca tenga fama de ser un remanso de paz, con miles de turistas por todas partes es prácticamente imposible.

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Menorca no es lugar ni para gente impaciente, ni en baja forma física. El acceso a calas como El Pilar o Alocs, en el noroeste de la isla o la famosa Macarelleta, en el suroeste, requieren buena condición física y mucha paciencia, como poco. Claro que el esfuerzo merece la pena, sobre todo en las calas de la costa sur de la isla como Cala en Turqueta, Macarelleta, Mitjana o Calascoves.

20110912-212434.jpgSi quiere moverte en coche, de cala en cala, tendrás que madrugar porque sobre las 10.30 de la mañana cierran los aparcamientos más cercanos a Cala Mitjana o Macarella. Es preferible ir temprano antes de que se llene.

Aunque sea mundialmente conocida por su costa, las ciudades menorquinas son todo un descubrimiento, tanto por el aire isleño que te hace desconectar de todo. Si tuviera que elegir entre Maó y Ciutadella, me quedo con esta última que sin ser la capital tienemás encanto y unas puestas de sol espectaculares (las mejores de la isla se pueden contemplar desde el Faro de Punta Natí, a 10 minutos en coche de Ciutadella o desde el Faro de Cavalleria).

20110912-212538.jpgEn Ciutadella descubrimos un restaurante italiano, Oristano, que en su carta combina cocina italiana con platos típicos menorquines y todo está buenísimo. En verano, tienen terraza a pie de calle y en el piso superior con hiedra trepadora y farolillos, creando un ambiente muy especial, isleño y romántico.

Tampoco podemos irnos de la isla sin sentarnos en la mesa del que probablemente sea el mejor restaurante de Menorca, el Ca Na Marga, un restaurante familiar situado en la carretera que va desde Es Mercadal a Fornelles. Las carnes a la brasa son su especialidad, aunque después de probar otros platos, todo lo hacen con muy buena mano.

Los tesoros de la isla

La Menorca interior ha sido en este viaje todo un descubrimiento. Pueblos como Alaior, Es Migjorn Gran o Ferreries ofrecen la cara más autóctona de la isla balear. Encima se come de lujo. Y para muestra, las tapas del Bar Peri, en pleno centro de Es Migjorn Gran. Tapeamos de lo lindo por solo 15 euros/dos personas. Aunque no sea un población de interior, otro tesoro escondido de la isla es el municipio de Binibèquer Vell, un pueblo marinero restaurado en 1972 por donde los últimos rayos del sol juegan a perderse a última hora de la tarde. Con un escenario así, las mejores fotos del viaje están aseguradas.

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Coordenadas GPS: 39°48′00″N 3°70′00″E



Próximo destino: Estambul

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