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Berlín, cicatrizando heridas

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Pocas ciudades del mundo pueden decir que la historia del siglo XX se ha decidido en sus calles. Ahí quedó escrita. Para siempre. Esperando ser revisada en sus muros, fachadas o avenidas.

La historia de Berlín puede leerse en cada esquina. Desde la intimidatoria arquitectura soviética a la pomposidad neoclásica del Berliner Dom o el vanguardismo de la nueva Postdamer Platz. Y este es, sin duda, uno de los grandes atractivos del viaje. Berlin ofrece a quien la visita la oportunidad de volver al pasado para comprender su presente.

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De primeras, Berlín puede parecer fría, desangelada e incluso aburrida. El cielo gris plomizo, la ausencia de sol y la austeridad de su arquitectura provocan esa sensación nada más llegar. Por eso la primera recomendación que os hacemos es visitar Berlín en primavera/verano, temporada alta de barbacoas y fiestas en sus famosos Biergarten, paraíso de cualquier cervecero que se precie.

No es casual que la mayoría de los bares y restaurantes berlineses pongan lucecitas de colores en sus terrazas para crear un poco de ambiente, como podrás comprobar en barrios como Kreuzberg o Prenzlauer Berg.

En los 90, tras la reunificación, Berlin empezó a ver la luz al final del tunel. Desde entonces, la capital alemana se afana por dejar atrás los episodios más oscuros de su historia reciente (el Holocausto Nazi, el Muro del Horror, dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría…) a golpe de monumento memorial, placas conmemorativas o museos de Memoria histórica. Lo que haga falta para volver a equilibrar su karma, supongo.

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Willkommen!

Siempre he pensado que la mejor forma de conocer una ciudad es perderse en ella. Sin embargo, en el caso de Berlín no lo recomiendo porque es una ciudad siempre en obras. Por eso, para nuestro primer día en Berlín recomiendo unirse a las visitas guiadas que organizan los chicos de NewBerlin. Los encontrarás en el Starbucks frente a la Puerta de Bramdenburgo todos los días del año, a las 11.00 y a las 14.00 -es recomendable llegar antes para apuntarse en la lista-.

20131013-111843.jpgEstos tours, en español, son gratuitos. Los guías se lo curran un montón para ganarse una buena propina al acabar la ruta. Todo el recorrido dura alrededor de dos horas y se visitan los lugares históricos clave para hacernos un perfecto mapa espacio-temporal de Berlín. Desde la Plaza de París al sobrecogedor monumento al Holocausto, pasando sobre -literalmente, porque está enterrado- el Bunker donde se suicidó Hitler al emblemático Check Point Charlie, ahora reconvertido en una suerte de parque temático para turistas, donde cientos de turistas acuden cada día a sellar su pasaporte o hacerse la típica foto en la ‘vieja frontera’.

Pero si en realidad queremos profundizar en la historia reciente de Berlín es imprescindible visitar el museo sobre el Tercer Reich, Topografía del Terror (entrada gratuita), donde aún se conservan un trozo de muro en su estado original, el edifico que alojaba las oficinas de la temida Gestapo y los calabozos de las SS o también el Mauermuseum, en pleno Check Point Charlie (12,50 euros. Tarifa Octubre 2013). No muy lejos de este punto que nos conecta con el pasado, tenemos el Berlín que mira al futuro. Sin complejos y a lo grande. La nueva Postdamer Platz.

Mirando al futuro

Postdamer Platz define el nuevo Berlín con sus flamantes rascacielos y una espectacular plaza cubierta que recuerda a la cubierta de un circo iluminado. Además de la espectacularidad propia de la arquitectura contemporanea Postadamer da mucho más de sí de lo que parece. Sin salir de la zona podemos subir al Panoramapunkt (5,50 euros. Tarifa octubre 2013), visitar el Museo de Arte Contemporáneo DaimlerContemporary (entrada gratuita) o si tenemos la suerte de que sea martes -incluso si cae en 13- asistir gratis a un concierto de la Berliner Philharmonie. Es posible que tanta actividad nos deje sin aliento y necesitemos un buen respiro. ¡Menos mal que el gran pulmón verde de la ciudad está a la vuelta de la esquina!

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Funde a verde

El corazón verde de Berlín tiene un nombre: Tiergarten. Más de 200 hectáreas de bosque, jardínes, lagos, riachuelos y hasta una zona nudista (Englischer Garten). En verano es muy típico que los autóctonos hagan aquí barbacoas, aunque los que quieren ir a mesa puesta recomiendo visitar dos concurridos Biergärten, el Schleusenkrug o el Café am Neuen See.

20131013-111728.jpg No podemos marcharnos del parque sin visitar la famosa Siegessäule (Columna de la Victoria) y divisar, bajo su carismático ángel dorado, la verdadera extensión del Tiergarten y del resto de la ciudad. Eso sí, nadie se libra de subir sus 285 escalones ¡contados! para contemplar una panorámica 360º. Todo tiene un precio -amén de los 3 euros de entrada-.

Un consejo que os puede salvar la vida: ¡Ni si os ocurra cruzar por la concurrida rotonda que rodea el monumento! El acceso a la Columna de la Victoria es subterráneo por dos tuneles laterales, tanto de entrada como de salida.

Y ojo, también, con cruzar los semáforos en rojo, ya no por jugarse el pellejo, sino por los 10 euros que ponen de multa a los peatones que así lo hagan. ¡Estáis avisados!

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En el ‘viejo’ Berlín

AlexanderPlatz (‘Alex’ como le llaman los berlineses) ha ganado mucho protagonismo en el nuevo Berlín unificado, hasta el punto que se da la paradoja que el que fuera el centro urbano de la antigua RDA comunista, ahora es el epicentro del consumismo más salvaje. Hasta el punto que elementos propios de la RDA como sus semáforos, únicos en el mundo, han convertido a los Ampelmann en objeto de culto. Y si no lo crees, visita la Ampelmann Shop en Court V. Hackesche Höfe, donde podrás encontrar desde gominolas hasta tarteras. ¡Si Lenin levantara la cabeza no daría crédito!

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Si míticos son los Ampelmanns, más lo es si cabe el relój universal de Erich John y la fuente de la Amistad entre los Pueblos, pero sobre todo la imponente torre de la TV (12,50 euros. Tarifa Octubre 2013), con su restaurante giratorio Sphere y su panorámica, obviamente esférica y 360º. Todo un símbolo del Berlín Soviet.

Ya puestos a indagar en las reliquias y recuerdos de la antigua RDA, podemos visitar el DDR Museum que nos ayudará a entender mucho mejor un estilo de vida ya obsoleto, pero del que aún muchos recuerdan con nostalgia.

BloguerosViajeroselBlog.jpgA pocos pasos de los aledaños de la torre se esconde uno de los lugares más sorprendentes de Berlín, Nikolaiviertel. Un barrio medieval reconstruido, espectacular. El oasis peatonal de Nikolai nos ofrece la cara más acogedora de Berlín. Aquí se mezclan tiendas de souvenirs, cervecerias, tiendas de artesanía y mercerías de toda la vida. Tampoco podemos pasar por alto, la isla de los Museos, con su impresionante catedral -con su fachada envejecida artificialmente- y su ‘colección’ de museos. Imprescindible visitar el Museo de Pergamo. Otro consejo: con la Berlin WelcomeCard le sacarás mucho más provecho a esta zona histórica.

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Otro ‘must see’ del Berlín turístico es la East Side Gallery o como convertir casi un kilómetro y medio de Muro de Berlín un gran lienzo abierto a artistas de todo el mundo. Hasta 102 participaron en esta ‘restauración’ vanguardista paralela a la rivera del río Spree. En la mayor galería de arte al Aire libre hay de todo, pero destacan sobre todo las celebres cabezas de Thierry Noir o el famoso beso entre Brezhnev y Honecker, plasmado por el artista ruso Dimitri Vrubel. Eso sí, se echa en falta un mejor mantenimiento, porque algunos murales están destrozados por los ‘autógrafos’ de los turistas.

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Berlín, alternativo y freak

La capital alemana, tantas veces devastada y dividida como reconstruida, lucha por ganarse el respeto del resto de capitales europeas y, de paso, hacerse un hueco destacado en el selecto grupo de destinos turísticos. De ahí el empeño por embellecer la ciudad todo lo posible que justifica que Berlín a día de hoy esté patas arriba (por las obras). La mezcla resultante de todo esto, cuanto menos es curiosa.

20131013-111352.jpgEl precio de esa ‘homologación’ con el resto de Alemania y por extensión, Europa, le está haciendo perder autenticidad. Hace 10 años visité Berlín por primera vez y me pareció la ciudad más cool del mundo; locales que eran más antros que bares, casas okupas por todas partes, cabarets superanimados, mucha música callejera y pocos turistas japoneses. Ahora, las franquicias, los hoteles de 5 estrellas y las tiendas de souvenirs hacen que Berlín se parezca demasiado al resto de capitales europeas. Ya no es tan auténtica como entonces, al menos aparentemente.

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Berlin tampoco es la ciudad barata de finales de los 90, a no ser que te alimentes a base de Currywurst o platos de pasta barata e insipida. Aún con todo, en barrios como Prenzlauer Berg, Kreuzberg, Kottbusser Tor o Neukölln -el nuevo barrio alternativo- todavía podemos encontrar menús de medio día por 4.90 euros (con bebida incluída).

Como no solo de Currywurst vive el turista, en OranienStrasse, 199 encontramos un pequeño restaurante, Cassonade, que sirve los crêpes más grandes y ricos que hemos comido nunca. Algo que se agradece en un barrio donde impera lo asiático. ¡Por solo 4,10 euros!

A pesar de haber perdido autenticidad, Berlín sigue manteniendo su envidiada escena alternativa. Kotti, Görlitzer Bahnhof y Schlesische Strasse conforman el nuevo triángulo hispter berlinés; donde el mestizaje se palpa hasta en los restaurantes (indios, japos, mexicanos, belgas, thais, italianos, españoles…).

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Y puestos a buscar la cara más freak de Berlín, os recomiendo visitar el Currywurst Museum. (11 euros. Tarifa octubre 2013) Sí, un museo única y exclusivamente dedicado a la salchica alemana con kecthup y curry. Curioso, cuanto menos. Otro sitio con el que sueña todo freak es el Computer Spiele Museum (8 euros. Tarifa octubre 2013), un museo único que repasa los 60 años del mundo de los videojuegos con claros guiños vintage a las recreativas de los años ’70 y ’80. Completa este TOP3 de lugares sorprendentes, la tienda de prototipos e inventos inverosímiles Erdinderladen, en Lychener Str.8 (metro U2 Eberswalder Str.), donde lo mismo encuentras una pistola atrapamoscas o un puzzle de 300 piezas blancas (Milk Puzzle).

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Visitar el Reichstag

Por mucho entretenimiento que ofrezca la ciudad, no podemos irnos de Berlín sin visitar sus símbolos institucionales: el Bundestag con su famosa cúpula (Reichstag) de Norman Foster y la simbólica Puerta de Bramdenburgo. De 8.00 a 23.00 de la noche se puede acceder al Reichstag y su terraza, si previamente se ha reservado por internet a una hora concreta -hay que presentarse en el puesto de control 15 minutos antes de la visita-.

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En temporada alta recomiendan reservar con bastante antelación y el resto del año con 3 o 4 días es suficiente. Haz tu reserva aquí y no olvides recoger tu audífono gratuito nada más salir del ascensor de acceso a la cúpula. Merece la pena y se disfruta mucho más de la visita.

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Austera, auténtica, cosmopolita, atrevida, inconformista, underground… Berlín muestra al viajero su alma en carne viva, con luces y sombras, su orgullo y sus complejos. Berlín busca su sitio en el mundo y se esfuerza por reinventarse en su propia metamorfosis.

¡Top Tip!

En pocas ciudades de Europa se puede sacar tanto partido a un WelcomeCard como en Berlín. Desde 18,50 euros (Tarifa Octubre 2013) que además de dar acceso a todos los transportes públicos de la zona AB durante 48 horas, nos asegura descuentos en los principales museos con lo que el ahorro es considerable. Puedes elegir tarjetas para 2, 3, 4 y 5 días y las puedes comprar nada más llegar al Aeropuerto o en las oficinas de turismo (en la Puerta de Bramdenburgo hay una).

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Coordenadas GPS: 52°31′0″N 13°22′0″E


Sintra, el bosque fantástico

Érase una vez un frondoso bosque repleto de Palacios, Castillos, parques y jardínes botánicos. A tan solo 30 minutos de la capital lusa, nos adentramos en la villa de las maravillas, más conocida como Sintra. Uno de los lugares más románticos de Portugal, cuya visita es indispensable.

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Merece la pena madrugar para coger uno de los trenes que cada 20-30 minutos salen de la Estaçao do Rossio, en el centro de Lisboa, y aprovechar la luz del día de esta maravilla palaciega. Con suerte nos dará tiempo a ver la mayoría de los parques y Palacios que adornan Sintra, desde el Palacio Nacional de Sintra con sus características chimenas árabes hasta el Parque y Palacio de la Pena o el Castillo de los Moros, en lo más alto de la Sierra de Sintra.

Desde el paseo que lleva de la Estación de Tren al Centro Histórico nos podemos hacer una idea de la majestuosidad de la Villa de Sintra y la mezcla del verde frondoso con las fachadas color pastel de sus edificios.

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La primera parada es inevitable. El Palacio Nacional de Sintra, que con su discreta fachada, da la bienvenida a los miles de turistas que llegan cada día. Esta construcción de origen árabe puede parecer sosa por fuera, pero compensa su excelsa belleza interior. Los azulejos y las lámparas de muchas salas son espectaculares.

Enigmática y sorprendente

Alejándonos del centro, encontramos la que para nosotros fue el gran descubrimiento de la visita, la Quinta da Regaleira, uno de los monumentos más espectaculares del complejo Cultural de Sintra. Ya desde su portón se intuye la magia de su Palacio y sus jardínes. No podemos irnos sin subir a la azotea del Palacio, desde donde hay vistas a la sierra y si no hay muchas nubes al Océano Atlántico.

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Una obra maestra llena de simbolismo, misticismo y rincones que pasan inadvertidos de primeras. Una de las principales atracciones que ofrece la visita es la Torre invertida que se hunde 27 metros hacia el suelo a través de una escalinata espiral. Un recorrido que, -simbólicamente- nos lleva de la luz a las tinieblas y nos adentra en un recorrido subterráneo que conecta varias zonas de la Quinta, para luego salir de nuevo al exterior a través de una cascada. ¡Espectacular!

20130327-003717.jpgOtro de las grandes tesoros de Sintra es su inmenso Parque de la Pena, que tiene al Palacio del mismo nombre como principal atracción turística. Con su colorido y sus formas esféricas bien podría ser un Palacio imaginado por Walt Disney.  Nuestro consejo es no dejarse cegar por la belleza del Palacio y perderse por el Parque, porque esconde rincones realmente bellos como el Minarete de las Columnas o el Valle de los Lagos. Y esto son dos recomendaciones personales, porque con una extensión de 85 hectáreas ya os podéis imaginar lo inabarcable que puede llegar a ser el Parque de la Pena. No es muy recomendable hacer senderismo por nuestra cuentra y riesgo sin un mapa que nos ayude a situarnos. Si el Parque fuera un pajar, tenemos todas las papeletas de ser la aguja.

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¡Ah! Se nos olvidaba algo muy importante, lo sensato es subir y bajar del Parque Da Pena en el bus circular 343 (ida/vuelta 5 euros. Tarifa 2012). Subir a pie es una auténtica locura y mucho más si es verano. A la vuelta, si quieres asegurarte asiento en el bus -en el regreso suele ir muy lleno-, mejor si esperas en la parada del Portón de los Lagos.

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Coordenadas GPS: 38º 47 91083 W9 23.28641


Lisboa, una acuarela atlántica

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Cantaba Toquinho en su canción ‘Aquarela’ -su mayor éxito en España y Portugal-, que “los malos tiempos pasarán, piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo, que colorear…“. Pues si la vida es un lienzo por colorear, ese lienzo, sin duda, es Lisboa. Una obra pictórica de siglos que tiene al estuario del río Tajo como bastidor.

bloguerosviajerosEn la paleta lisboeta se mezclan frustraciones, nostalgias, alegrías y el inevitable paso del tiempo. No es de extrañar que el fado sea la expresión musical más conocida de la música portuguesa, porque Lisboa es como una acuarela desdibujada por los años. Al tiempo, tan pesimista y frustrada como optimista y soñadora. Incluso tienen un curioso vocablo para definir el estado de ánimo de la ciudad, el ‘Saudade’. Es esta personalidad compleja la que ofrece al viajero mucho más de lo que espera encontrar en la capital lusa.

Y no nos referimos a los imprescindibles turísticos de sobra conocidos por los visitantes de todo el mundo; Miradouro de Graça, Miradouro de Santa Luzia, las ruinas de Carmo junto al ascensor de Santa Justa, la praça Rossio, la recién remodelada Praça Marquês de Pombal o el Museo de Arte Contemporánea Calouste Gulbenkian, cuyos jardínes son un oasis en mitad del ajetreo luso. Sino a todos los rincones escondidos por la ciudad que solo los lugareños conocen a los que hacemos referencia a lo largo de este post.
Plaza Rossio
Con un clima bastante agradable y un cielo azul intenso la mayoría de los meses del año, Lisboa se asienta sobre siete colinas. Con lo que el calzado cómodo es más imprescindible que nunca, ya no solo por las empinadas cuestas y escaleras de subida a los Miradouros (miradores) sino por las aceras de mosaicos empedrados. La calçada portuguesa es famosa por su belleza, pero también por su animadversión a los tacones. Así que, no es recomendable pisar la calle sin el calzado apropiado.

bloguerosviajeros.jpgMoverse por Lisboa es fácil. En los últimos años la red de Metro y tranvías se ha modernizado mucho, conectando entre sí los barrios históricos con las nuevas zonas de ocio y negocio como el Parque Das Naçoes o la Avenida José Malhoa, respectivamente. Si el presupuesto del viaje no llega para sacar una LisboaCard de 72 horas (39 euros, tarifa diciembre 2012), lo más rentable es sacar un título de transporte diario (5 euros) válido para usar el metro, el tranvía, el tren de cercanías o los ferrys que unen las dos orillas del Tajo.

Nada más salir del Aeropuerto tendrás que comprar una tarjeta electrónica recargable Viva Viagem (0,50 céntimos, tarifa diciembre 2012), que podrás usar desde ese mismo momento. Compensa y mucho. Sobre todo por el elevado precio de los elevadores turísticos como el de Santa Justa (3,50 solo por subir, tarifa diciembre 2012).

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El metro, además de rápido y limpio, es toda una experiencia subterránea. Mención especial para la estética clubber de la estación Baixa-Chiado o las columnas góticas de la estación Parque, que parecen salidas de una película de Tim Burton. También merece la pena visitar la colección de esculturas representativas de los oficios clásicos en la estación Entre Campos. Si lo que queremos ver son espectaculares mosaicos de azulejos tendremos que hacer parada en Jardim Zoológico, Cidade Universitária, Oriente o Picoas.

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20130107-212416.jpgEl centro histórico se divide en tres zonas emblemáticas, agrupadas a su vez por barrios donde encontrar la esencia lisboeta; Baixa-Rossio, Alfama-Castelo, Bairro Alto-Chiado. Desde la Praça do Comércio -con su espectacular pórtico mercante a orillas del Tajo- nos adentramos en la bulliciosa Rua Augusta en pleno barrio de la Baixa. Subiendo esta céntrica calle, a mano derecha tenemos el laberíntico barrio de Alfama, que esconde entre sus mayores tesoros el colosal Castelo de Sao Jorge, con unas vistas privilegiadas y sus pintoréscos aledaños, con casas blancas y vecinas tendiendo la colada.

Lisboa panorámica

A mediodía este barrio atrapado en el tiempo huele a sárdinas recién asadas en las terrazas efímeras de muchos restaurantes. Eso sí, el tufillo a ‘restaurante para guiris’ huele a la legua, aunque todavía se pueden disfrutar de sitios auténticos de verdad como el centro cultural Chapitô (Rua Costa do Castelo s/n), un espacio multidisciplinar que sorprende a propios y extraños porque alberga una escuela de Circo, una asociación cultural y hasta un restaurante con vistas privilegiadas a los tejados lisboetas. Aunque la carte es muy limitada, merece la pena dejarse caer y tomarse un vinho verde acompañado por un plato de uvas y quesos del país al atarceder o una vez anochezca.

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Volviendo a la Baixa, como punto de partida y referencia, a mano izquierda queda el Bairro Alto-Chiado, el preferido de los jóvenes para salir de marcha, comprar ropa vintage y regalos originales. Es increíble como cambia el barrio por el día y por la noche, así que el mejor momento del día para visitarlo es a media tarde y aprovechar el espectacular atardecer desde el Miradouro de Santa Catarina, mientras suena de fondo algún hippie tocando la guitarra o los más jóvenes quedan para quemar la noche lisboeta en las bulliciosas calles de Chiado.

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Al encuentro del Fado

Aunque en cuestión de fados, la fama siempre la tuvo la zona de Bairro Alto-Chiado, es en Alfama donde los propios lisboetas se encuentran con sus lamentos cantados a fuego lento y mucho sentimiento. Para adentrarse en el universo del fado, lo mejor es hacerlo visitando el Club de Fado -con espectáculos a partir de las 22.00- o visitar Mesa de Frades -espectáculos a partir de las 22.30-, ambos en el barrio de Alfama y con consumición mínima de entre 10 y 15 euros. Otra opción por la zona es la Parreirinha de Alfama, en la calle Beco do Espírito Santo 1.

La Baixa Lisboa

Os Petiscos, el tapeo portugués

Si Lisboa enamora por sus conocidos fados, también ayudan las no tan conocidas tapas portuguesas, Os petiscos. Si para escuchar fado lo mejor es perderse por Alfama, para salir de marcha o echarse unas cervezas, lo mejor es visitar Bairro Alto-Chiado y visitar la mítica Cervejaria Trindade, un antiguo templo convertido en templo de la gula, por excelencia. No desesperes si no encuentras mesa nada más llegar, la cola es llevadera y puedes pedirte una cerveza en la barra de la entrada –O Refeitório– mientras te conviertes al ‘cervecismo’ más ortodoxo. ¿La carta? Será imposible no caer en la tentación sus carnes a la brasa.
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Si buscas algo menos popular y más alternativo, sin duda la Petiscaria Ideal o la Taberna Ideal (están la una enfrente de la otra en Rua da Esperança 100), En el deprimido barrio de Santos, se esconden dos locales acogedores y auténticamente portugues. No hay carta en papel, pero sí escrita en sus paredes con tiza. Entre todas las tapas destacan las tibornas (tostas de aceite y ajo) con ingredientes a elegir. Nuestra recomendación, pedir una tiborna de queso de cabra y miel. ¡Mmmagnífica!

Un consejo para los tragones impulsivos; Es muy habitual que nada más sentarnos en una mesa de cualquier restaurante nos pongan unas aceitunas negras, un pequeño queso semigraso o paté de sardina. ¡Ojo, no son cortesía de la casa! Si consumes todo o una parte, se te cobrará y a ver cómo le explicas al camarero/a que no lo habías pedido.

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Belém, la guinda del pastel

Para llevarnos el mejor sabor de boca de nuestra visita a la región de Lisboa, no hay nada mejor que dejarse caer por el célebre barrio de Belém, donde podremos visitar tres de los monumentos imprescindibles de cualquier visita a la capital portuguesa: el monolito de los Descubrimientos, la torre de Belém y el Monasterio de los Jeronimos, amén del Jardim do Ultramar o el moderno museo Colección Berardo (Centro Cultural de Belém). Lo mejor es coger un tren desde la estación de Cais do Sodré, para disfrutar del paseo, aunque la zona tenga una belleza muy portuaria, pero en días luminosos se disfruta mucho del viaje en paralelo al río Tajo.

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20130107-215401.jpgPese a lo que pudiera parecer la distancia entre un monumento es considerable, así que muy probablemente acabemos agotados de la visita. Menos mal que antes de coger el tren de vuelta a Lisboa, a unos metros de la estación -cruzando el parque- tenemos A Única Fabrica de Pasteis de Belém, donde recuperar energía a base del azúcar de sus famosos Pastéis de Nata, un dulce caliente que recuerda a las natillas caseras. Mejor con azúcar glacé y canela. Tranquilos, al comprar una te dan un sobrecito de cada para aderezarlo al gusto.

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Si todavía nos queda tiempo para seguir disfrutando de Lisboa, podemos pasar la mañana o la tarde en el Parque das Nações, la zona más alejada del centro y el barrio icono de la nueva Lisboa, con su Oceanográfico, Pabellón Atlántico, la Estación de Oriente que firma Santiago Calatrava o el espectacular Pabellón Portugués de la Expo 98, obra del genial Álvaro Siza. Para hacernos una idea panorámica de este nuevo espacio lisboeta, lo mejor es subir al teleférico sobre la Marina. Para los compradores compulsivos, frente a la Estación de Oriente se encuentra uno de los centros comerciales más grandes y completos de la ciudad. 20130107-212313.jpg

Luminosa, polifacética, hospitalaria, melancólica, sentimental, cosmopolita, conquistadora, fadista … Lisboa es una ciudad, pero también un estado de ánimo, un sentimiento que se proyecta desde cualquiera de los miradores de cada una de las siete colinas que dan forma a la fisonomia de la capital lusa. Lisboa es la vida misma.

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Coordenadas GPS: 38°42′49″N 09°08′21″O

Audio FX: Este post se redactó mientras sonaba el disco Fado Em Mim, de la fadista portuguesa Mariza (EMI Portugal 2011)


Génova, anclada al pasado

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La ciudad que vio nacer a Cristobal Colón está, paradójicamente, aún por descubrir por el gran público. Génova asume con resignación un discreto segundo plano en los circuitos turísticos italianos. Muy a pesar, eso sí, de ser parada obligada de la mayoría de los cruceros que cruzan el Mediterráneo. No obstante, puede que esa discreta posición le permita conservar intacta su esencia. Porque, Génova es sobre todo una ciudad auténtica, -ni bonita, ni fea-, una ciudad que se muestra tal cual. Sin maquillaje.

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Génova es el extremo opuesto a Milán. Si Milán es pretendidamente elegante y escrupulosamente aseado, Génova tiene un aire arrabalero y descuidado, donde no faltan fachadas agrietadas y descoloridas, calles estrechas y sórdidas o los más lúgubres soportales. No es raro que nada más llegar a la Estación Porto Principe uno se pregunte, ¿Y a mi qué coño se me ha perdido aquí? La respuesta solo la encuentras callejeando. Pronto te das cuenta de que el verdadero encanto de Génova es su autenticidad. Es fácil cerrar los ojos e imaginar la Génova de hace 5 siglos, atestada de marineros, comerciantes y gente de toda calaña.

La capital de la región de Liguria ofrece mucho más de lo que cabe esperar por esa agridulce primera impresión. Lugares mucho más cuidados, como su remodelado Porto Antico reconvertido en un espacio de recreo donde se mezclan genoveses y turistas. 20120726-183123.jpg

No es para menos, ya que desde la celebración del V centenario del descubrimiento de America en el año 1992, el puerto ha ido sumando atractivos turísticos como el segundo Acuario más grande de Europa -destronado años más tarde por L’Oceanografic valenciano-, el Museo del Mar, el galeón pirata de Roman Polanski o el ascensor panorámico con visión 360º -el Bigo, como lo llaman los genoveses-. Por 4 euros (julio 2012) uno puede a contemplar desde las alturas el balcón genovés.

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Otros lugares imprescindibles de la ciudad son la Piazza Ferrari con su famosa fuente -icono consolidado de la ciudad- y sus vías comerciales, a izquierda y derecha, Via Dante y Via XX Settembre. Desde la misma Piazza Ferrari se llega a Piazza Dante, donde se puede visitar la casa natal de Cristofor Columbus. Otro punto imprescindible en nuestra visita a Génova es la iglesia de San Lorenzo, con sus leones postrados en las escaleras, convertido en otro de los reclamos turísticos de la ciudad.

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De Palazzo en Palazzo

A pesar de ser, como decíamos al comienzo del post, una de las ciudades menos turísticas de Italia, merece la pena perderse en sus calles para encontrar tesoros inesperados como la Via Garibaldi, un oasis en mitad del decandente arrabal, donde los Palazzos compiten por reinar esta calle peatonal.

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Todos estos Palazzos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y muchos de ellos pueden ser visitados, para lo que recomendamos informarse de horarios y precios en la oficina de información turística, en mitad de la propia Via Garibaldi.

No podemos marcharnos de Génova sin probar su visión de la gastronomía italiana con especializades locales como las foccacia di formatgio o los farinate en invierno. Si hace buen tiempo, un sitio económico y a pie de puerto es La Bimbacha que además de 60 especialidades de pizzas diferentes, tienen como especialidad la foccacia genovesa.

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Coordenadas GPS: 44°25′0″N 8°56′0″E