Próximo destino: Nueva York

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Lisboa, una acuarela atlántica

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Cantaba Toquinho en su canción ‘Aquarela’ -su mayor éxito en España y Portugal-, que “los malos tiempos pasarán, piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo, que colorear…“. Pues si la vida es un lienzo por colorear, ese lienzo, sin duda, es Lisboa. Una obra pictórica de siglos que tiene al estuario del río Tajo como bastidor.

bloguerosviajerosEn la paleta lisboeta se mezclan frustraciones, nostalgias, alegrías y el inevitable paso del tiempo. No es de extrañar que el fado sea la expresión musical más conocida de la música portuguesa, porque Lisboa es como una acuarela desdibujada por los años. Al tiempo, tan pesimista y frustrada como optimista y soñadora. Incluso tienen un curioso vocablo para definir el estado de ánimo de la ciudad, el ‘Saudade’. Es esta personalidad compleja la que ofrece al viajero mucho más de lo que espera encontrar en la capital lusa.

Y no nos referimos a los imprescindibles turísticos de sobra conocidos por los visitantes de todo el mundo; Miradouro de Graça, Miradouro de Santa Luzia, las ruinas de Carmo junto al ascensor de Santa Justa, la praça Rossio, la recién remodelada Praça Marquês de Pombal o el Museo de Arte Contemporánea Calouste Gulbenkian, cuyos jardínes son un oasis en mitad del ajetreo luso. Sino a todos los rincones escondidos por la ciudad que solo los lugareños conocen a los que hacemos referencia a lo largo de este post.
Plaza Rossio
Con un clima bastante agradable y un cielo azul intenso la mayoría de los meses del año, Lisboa se asienta sobre siete colinas. Con lo que el calzado cómodo es más imprescindible que nunca, ya no solo por las empinadas cuestas y escaleras de subida a los Miradouros (miradores) sino por las aceras de mosaicos empedrados. La calçada portuguesa es famosa por su belleza, pero también por su animadversión a los tacones. Así que, no es recomendable pisar la calle sin el calzado apropiado.

bloguerosviajeros.jpgMoverse por Lisboa es fácil. En los últimos años la red de Metro y tranvías se ha modernizado mucho, conectando entre sí los barrios históricos con las nuevas zonas de ocio y negocio como el Parque Das Naçoes o la Avenida José Malhoa, respectivamente. Si el presupuesto del viaje no llega para sacar una LisboaCard de 72 horas (39 euros, tarifa diciembre 2012), lo más rentable es sacar un título de transporte diario (5 euros) válido para usar el metro, el tranvía, el tren de cercanías o los ferrys que unen las dos orillas del Tajo.

Nada más salir del Aeropuerto tendrás que comprar una tarjeta electrónica recargable Viva Viagem (0,50 céntimos, tarifa diciembre 2012), que podrás usar desde ese mismo momento. Compensa y mucho. Sobre todo por el elevado precio de los elevadores turísticos como el de Santa Justa (3,50 solo por subir, tarifa diciembre 2012).

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El metro, además de rápido y limpio, es toda una experiencia subterránea. Mención especial para la estética clubber de la estación Baixa-Chiado o las columnas góticas de la estación Parque, que parecen salidas de una película de Tim Burton. También merece la pena visitar la colección de esculturas representativas de los oficios clásicos en la estación Entre Campos. Si lo que queremos ver son espectaculares mosaicos de azulejos tendremos que hacer parada en Jardim Zoológico, Cidade Universitária, Oriente o Picoas.

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20130107-212416.jpgEl centro histórico se divide en tres zonas emblemáticas, agrupadas a su vez por barrios donde encontrar la esencia lisboeta; Baixa-Rossio, Alfama-Castelo, Bairro Alto-Chiado. Desde la Praça do Comércio -con su espectacular pórtico mercante a orillas del Tajo- nos adentramos en la bulliciosa Rua Augusta en pleno barrio de la Baixa. Subiendo esta céntrica calle, a mano derecha tenemos el laberíntico barrio de Alfama, que esconde entre sus mayores tesoros el colosal Castelo de Sao Jorge, con unas vistas privilegiadas y sus pintoréscos aledaños, con casas blancas y vecinas tendiendo la colada.

Lisboa panorámica

A mediodía este barrio atrapado en el tiempo huele a sárdinas recién asadas en las terrazas efímeras de muchos restaurantes. Eso sí, el tufillo a ‘restaurante para guiris’ huele a la legua, aunque todavía se pueden disfrutar de sitios auténticos de verdad como el centro cultural Chapitô (Rua Costa do Castelo s/n), un espacio multidisciplinar que sorprende a propios y extraños porque alberga una escuela de Circo, una asociación cultural y hasta un restaurante con vistas privilegiadas a los tejados lisboetas. Aunque la carte es muy limitada, merece la pena dejarse caer y tomarse un vinho verde acompañado por un plato de uvas y quesos del país al atarceder o una vez anochezca.

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Volviendo a la Baixa, como punto de partida y referencia, a mano izquierda queda el Bairro Alto-Chiado, el preferido de los jóvenes para salir de marcha, comprar ropa vintage y regalos originales. Es increíble como cambia el barrio por el día y por la noche, así que el mejor momento del día para visitarlo es a media tarde y aprovechar el espectacular atardecer desde el Miradouro de Santa Catarina, mientras suena de fondo algún hippie tocando la guitarra o los más jóvenes quedan para quemar la noche lisboeta en las bulliciosas calles de Chiado.

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Al encuentro del Fado

Aunque en cuestión de fados, la fama siempre la tuvo la zona de Bairro Alto-Chiado, es en Alfama donde los propios lisboetas se encuentran con sus lamentos cantados a fuego lento y mucho sentimiento. Para adentrarse en el universo del fado, lo mejor es hacerlo visitando el Club de Fado -con espectáculos a partir de las 22.00- o visitar Mesa de Frades -espectáculos a partir de las 22.30-, ambos en el barrio de Alfama y con consumición mínima de entre 10 y 15 euros. Otra opción por la zona es la Parreirinha de Alfama, en la calle Beco do Espírito Santo 1.

La Baixa Lisboa

Os Petiscos, el tapeo portugués

Si Lisboa enamora por sus conocidos fados, también ayudan las no tan conocidas tapas portuguesas, Os petiscos. Si para escuchar fado lo mejor es perderse por Alfama, para salir de marcha o echarse unas cervezas, lo mejor es visitar Bairro Alto-Chiado y visitar la mítica Cervejaria Trindade, un antiguo templo convertido en templo de la gula, por excelencia. No desesperes si no encuentras mesa nada más llegar, la cola es llevadera y puedes pedirte una cerveza en la barra de la entrada –O Refeitório– mientras te conviertes al ‘cervecismo’ más ortodoxo. ¿La carta? Será imposible no caer en la tentación sus carnes a la brasa.
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Si buscas algo menos popular y más alternativo, sin duda la Petiscaria Ideal o la Taberna Ideal (están la una enfrente de la otra en Rua da Esperança 100), En el deprimido barrio de Santos, se esconden dos locales acogedores y auténticamente portugues. No hay carta en papel, pero sí escrita en sus paredes con tiza. Entre todas las tapas destacan las tibornas (tostas de aceite y ajo) con ingredientes a elegir. Nuestra recomendación, pedir una tiborna de queso de cabra y miel. ¡Mmmagnífica!

Un consejo para los tragones impulsivos; Es muy habitual que nada más sentarnos en una mesa de cualquier restaurante nos pongan unas aceitunas negras, un pequeño queso semigraso o paté de sardina. ¡Ojo, no son cortesía de la casa! Si consumes todo o una parte, se te cobrará y a ver cómo le explicas al camarero/a que no lo habías pedido.

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Belém, la guinda del pastel

Para llevarnos el mejor sabor de boca de nuestra visita a la región de Lisboa, no hay nada mejor que dejarse caer por el célebre barrio de Belém, donde podremos visitar tres de los monumentos imprescindibles de cualquier visita a la capital portuguesa: el monolito de los Descubrimientos, la torre de Belém y el Monasterio de los Jeronimos, amén del Jardim do Ultramar o el moderno museo Colección Berardo (Centro Cultural de Belém). Lo mejor es coger un tren desde la estación de Cais do Sodré, para disfrutar del paseo, aunque la zona tenga una belleza muy portuaria, pero en días luminosos se disfruta mucho del viaje en paralelo al río Tajo.

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20130107-215401.jpgPese a lo que pudiera parecer la distancia entre un monumento es considerable, así que muy probablemente acabemos agotados de la visita. Menos mal que antes de coger el tren de vuelta a Lisboa, a unos metros de la estación -cruzando el parque- tenemos A Única Fabrica de Pasteis de Belém, donde recuperar energía a base del azúcar de sus famosos Pastéis de Nata, un dulce caliente que recuerda a las natillas caseras. Mejor con azúcar glacé y canela. Tranquilos, al comprar una te dan un sobrecito de cada para aderezarlo al gusto.

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Si todavía nos queda tiempo para seguir disfrutando de Lisboa, podemos pasar la mañana o la tarde en el Parque das Nações, la zona más alejada del centro y el barrio icono de la nueva Lisboa, con su Oceanográfico, Pabellón Atlántico, la Estación de Oriente que firma Santiago Calatrava o el espectacular Pabellón Portugués de la Expo 98, obra del genial Álvaro Siza. Para hacernos una idea panorámica de este nuevo espacio lisboeta, lo mejor es subir al teleférico sobre la Marina. Para los compradores compulsivos, frente a la Estación de Oriente se encuentra uno de los centros comerciales más grandes y completos de la ciudad. 20130107-212313.jpg

Luminosa, polifacética, hospitalaria, melancólica, sentimental, cosmopolita, conquistadora, fadista … Lisboa es una ciudad, pero también un estado de ánimo, un sentimiento que se proyecta desde cualquiera de los miradores de cada una de las siete colinas que dan forma a la fisonomia de la capital lusa. Lisboa es la vida misma.

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Coordenadas GPS: 38°42′49″N 09°08′21″O

Audio FX: Este post se redactó mientras sonaba el disco Fado Em Mim, de la fadista portuguesa Mariza (EMI Portugal 2011)


Génova, anclada al pasado

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La ciudad que vio nacer a Cristobal Colón está, paradójicamente, aún por descubrir por el gran público. Génova asume con resignación un discreto segundo plano en los circuitos turísticos italianos. Muy a pesar, eso sí, de ser parada obligada de la mayoría de los cruceros que cruzan el Mediterráneo. No obstante, puede que esa discreta posición le permita conservar intacta su esencia. Porque, Génova es sobre todo una ciudad auténtica, -ni bonita, ni fea-, una ciudad que se muestra tal cual. Sin maquillaje.

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Génova es el extremo opuesto a Milán. Si Milán es pretendidamente elegante y escrupulosamente aseado, Génova tiene un aire arrabalero y descuidado, donde no faltan fachadas agrietadas y descoloridas, calles estrechas y sórdidas o los más lúgubres soportales. No es raro que nada más llegar a la Estación Porto Principe uno se pregunte, ¿Y a mi qué coño se me ha perdido aquí? La respuesta solo la encuentras callejeando. Pronto te das cuenta de que el verdadero encanto de Génova es su autenticidad. Es fácil cerrar los ojos e imaginar la Génova de hace 5 siglos, atestada de marineros, comerciantes y gente de toda calaña.

La capital de la región de Liguria ofrece mucho más de lo que cabe esperar por esa agridulce primera impresión. Lugares mucho más cuidados, como su remodelado Porto Antico reconvertido en un espacio de recreo donde se mezclan genoveses y turistas. 20120726-183123.jpg

No es para menos, ya que desde la celebración del V centenario del descubrimiento de America en el año 1992, el puerto ha ido sumando atractivos turísticos como el segundo Acuario más grande de Europa -destronado años más tarde por L’Oceanografic valenciano-, el Museo del Mar, el galeón pirata de Roman Polanski o el ascensor panorámico con visión 360º -el Bigo, como lo llaman los genoveses-. Por 4 euros (julio 2012) uno puede a contemplar desde las alturas el balcón genovés.

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Otros lugares imprescindibles de la ciudad son la Piazza Ferrari con su famosa fuente -icono consolidado de la ciudad- y sus vías comerciales, a izquierda y derecha, Via Dante y Via XX Settembre. Desde la misma Piazza Ferrari se llega a Piazza Dante, donde se puede visitar la casa natal de Cristofor Columbus. Otro punto imprescindible en nuestra visita a Génova es la iglesia de San Lorenzo, con sus leones postrados en las escaleras, convertido en otro de los reclamos turísticos de la ciudad.

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De Palazzo en Palazzo

A pesar de ser, como decíamos al comienzo del post, una de las ciudades menos turísticas de Italia, merece la pena perderse en sus calles para encontrar tesoros inesperados como la Via Garibaldi, un oasis en mitad del decandente arrabal, donde los Palazzos compiten por reinar esta calle peatonal.

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Todos estos Palazzos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y muchos de ellos pueden ser visitados, para lo que recomendamos informarse de horarios y precios en la oficina de información turística, en mitad de la propia Via Garibaldi.

No podemos marcharnos de Génova sin probar su visión de la gastronomía italiana con especializades locales como las foccacia di formatgio o los farinate en invierno. Si hace buen tiempo, un sitio económico y a pie de puerto es La Bimbacha que además de 60 especialidades de pizzas diferentes, tienen como especialidad la foccacia genovesa.

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Coordenadas GPS: 44°25′0″N 8°56′0″E


Bilbao, a todo color

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Si viajas a Bilbao lo primero que tienes que saber es que no te vas a encontrar una ciudad tan luminosa como por ejemplo puede serlo San Sebastián. O tal vez es que yo siempre la he recordado nublada y húmeda, al igual que la he encontrado esta última vez que he ido. Sin embargo, me sigue transmitiendo algo especial, no sabría describir muy bien qué es. De pequeña pasé algunas temporadas allí, en casa de mis abuelos, así que seguramente no pueda ser muy objetiva a la hora de hablaros de ella, pero voy a intentarlo…

Para empezar, me gustaría destacar tres cosas importantes de Bilbao, al menos para mí: su gente, la comida y el encanto de pasear por las “siete calles”, en el casco viejo.

Si realizáis una escapada fugaz, la visita a la ciudad podría realizarse por ejemplo en tres días. Si son más, mejor, pero voy a hacer un pequeño itinerario para ver lo básico. No pretendo ejercer de guía sino enseñaros lo que yo he visto esta última vez que estuve por allí.

Día 1: centro de la ciudad

Si habéis llegado en avión, el autobús 3247 os bajará al centro de Bilbao, lo que aprovechamos para comenzar la visita desde el Termibus, situado en la zona de San Mamés. Los más futbolerxs seguramente quieran ir a ver el Campo de juego, situado a pocos metros de la terminal. Después, podéis coger la Avenida Alameda de Urquijo, que recorre prácticamente todo el centro. En la zona de Indautxu se encuentran el edificio de la Alhóndiga y la Sede Osakidetza. El primero es un centro de ocio y cultura, y lo que más llama la atención son las 43 columnas diferentes que soportan unos cubos de ladrillo construidos en el interior. La Sede Osakidetza, por su parte, es un moderno edificio de vidrio formado por diferentes prismas. Sin duda, dos construcciones que no hay que perderse.

http://bloguerosviajeros.comContinuando por la avenida está el Teatro Campos Elíseos, y muy cerca de allí, el Palacio de la Diputación Foral y la Iglesia del Sagrado Corazón. Alameda de Urquijo desemboca en la Gran Vía López de Haro, centro neurálgico y comercial de Bilbao. Si subís por esta vía y llegais hasta la Plaza Moyua podréis ver el Palacio Chávarri, sede del gobierno civil, y la Casa Montero, construcción modernista en la que destaca la ornamentación de la fachada. Estáis ahora en la zona de Abando, tras la cual se sitúa el museo Guggenheim.

Bajando de nuevo por López de Haro se llega hasta la Plaza Circular, en donde se encuentra el monumento a Don Diego López de Haro. Ya empezaréis a ver la famosa Ría de Bilbao, que separa el casco antiguo de la zona más moderna. Alrededor de la plaza, lo más interesante para ver es la estación de Abando Indalecio Prieto (en cuyo interior hay una enorme vidriera que da un color especial a la estación), el edificio de la Bolsa, el edificio de la Sociedad Bilbaína y la estación de Santander-La Concordia (considerada uno de los patrimonios más genuinos del Bilbao de la Belle Epoque). Mi consejo es que, llegado s a este punto, paseemos este lado de la Ría en dirección a la zona de San Francisco (es decir, hacia nuestra derecha si miramos hacia el río). San Francisco no es una zona muy recomendable para adentrarse, pero por las afueras no hay problema.

Cuando lleguéis al puente de San Antón, si subís por la calle Claudio Gallastegui llegaréis hasta el parque Miribilla, un buena lugar para pararse a descansar y relajarse.

¿Qué comer?

Espero que seáis de buen comer porque así podréis aprovechar las exquisiteces que nos ofrece la ciudad vasca. Tal vez lo primero que os haya venido a la cabeza sean los famosos pintxos ¡Bingo! En casi todos los bares y/o cafeterías podréis degustar una gran variedad de pintxos, a cada cual más rico; a mí de los que más me gustan son los de tortilla de patata “rellena”, esto es: hacen una tortilla de patata, la abren por la mitad y la rellenan de diversos ingredientes.

Y como dicen que cada maestrillo tiene su librillo, podréis encontrar diversos estilos de tortilla con rellenos diferentes, solo tendréis que encontrar el que más os guste. Para comidas más copiosas o de otro tipo, en casi todos los restaurantes ofrecen caldo casero. Tampoco suelen faltar el bacalao, las rabas y los txipirones.

La bebida lo más probable es que te la sirvan en unos vasos que popularmente se conocen como txikitos, un peculiar vaso de vino que se utiliza en muchos barrios de la ciudad desde hace más de un siglo y que llama la atención por su gran peso, su reducida capacidad y el particular diseño de su base.

En cuanto al dulce, no podéis iros de Bilbao sin probar sus famosos pasteles de arroz. Advierto: no es un postre demasiado dulce y, al contrario de lo que su nombre indica, no está hecho con arroz…

Y por supuesto, que no falte el café. Cuando yo era pequeña, mi madre siempre me decía que el truco que tenían en Bilbao para que el café estuviera tan rico es que echaban un poco de nata líquida a la leche. Bien, no sé si seguirán haciéndolo, pero desde luego aún no he tomado ningún café malo en la ciudad.

Museo Guggenheim

Tanto si os gusta el arte como si no, una visita obligada cuando se va a Bilbao es el Museo Guggenheim, situado en la zona de Abandoibarra, a la orilla de la Ría. Se trata de un museo de arte contemporáneo cuya característica más llamativa de primeras es su estructura de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio, con formas curvilíneas y retorcidas. Tampoco nos pasará desapercibido Puppy, el enorme perro recubierto de flores que preside la entrada al museo, ni la enorme araña de 10 metros de altura (llamada Mamá), situada en la parte trasera.

El precio del museo ronda los 11 euros (precio estándar de adulto), y en cuanto a las exposiciones, éstas dependen de la época, lo interesante sería mirar en su web qué se expone en los días en los que vayáis a ir. Eso si os gusta el arte; yo, por mi parte, me limité a ver el museo por fuera.

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Y ya que estamos por la zona del Guggenheim, paraos a observar los puentes más llamativos que se ven desde esta posición: el puente de los Príncipes de España (o Puente de La Salve), que distinguiréis de los demás por su color rojo; el puente de Zubizuri (o puente Blanco), diseñado por Santiago Calatrava; el puente Pedro Arrupe, pasarela construida en acero cuyo interior es de madera; el puente levadizo de Deusto; y el puente Euskalduna, un viaducto situado entre la plaza del Sagrado Corazón y Botica Vieja.

Para finalizar el día podéis pasear por la zona de la plaza del Sagrado Corazón y el parque de Doña Casilda Iturrizar, único pulmón verde de la ciudad hasta hace pocos años.

Día 2: el Casco Viejo

Para llegar a la zona del Casco Viejo el puente más directo para cruzar la Ría es el del Arenal. En este lado de la ciudad, lo primero que veremos es el Teatro Arriaga y la iglesia de San Nicolás, y si subimos por la calle Arenal llegaremos hasta la Plaza Nueva, de estilo neoclásico y que vendría a ser la Plaza Mayor; en ella se establece todos los domingos el mercadillo en el que se venden diversos animales, sobre todo pájaros, y objetos de coleccionismo como monedas, sellos o diversas antigüedades.

Cerca de la plaza están la iglesia Santos Juanes y la Catedral de Santiago, esta última de estilo gótico y que toma el nombre del patrón de Bilbao. En este punto, estamos en la zona conocida como Las siete calles, el barrio más antiguo y núcleo originario de la ciudad, y que hace referencia a las siete calles medievales que históricamente formaron el casco viejo: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Ballena. Es una zona peatonal en la que los comercios clásicos se alternan con otros más innovadores, bares y restaurantes. He de asegurar que este barrio tiene un encanto especial y no deja indiferente.

Todas estas calles acaban en La Ribera, en donde se encuentra el mercado de la Ribera (edificio muy monumental que asemeja ser una fábrica y que es referencia comercial para todo el País Vasco), la iglesia de San Antón, la plaza Santos Juanes y la estación de Atxuri, desde donde parte el Euskotren (por ejemplo, si queremos coger un tren a San Sebastián lo haremos desde esta estación por 9 € i/v aprox. -febrero 2012-.).

Ahora subiremos por la calle Ronda, en la que nació Miguel de Unamuno, hasta llegar a la plaza de este mismo autor, y tomaremos la calle Iturribide hasta que confluya con la calle Prim. En esta última encontraréis unos ascensores que suben directamente hasta la zona de Santutxu. Advertencia: os recomiendo coger el ascensor, ya que la calle Iturribide es muy larga y en algunos tramos empinada y podéis acabar con la lengua arrastrando por el suelo cuando lleguéis hasta Santutxu. El propósito en esta zona es llegar hasta la Basílica de Begoña, santuario de la patrona de Vizcaya y cuya virgen, la Amatxo, goza de gran devoción entre los bilbaínos; está construida sobre el lugar donde se supone que se apareció la virgen a principios del siglo XVI, y es de estilo gótico vasco.

La bajada de vuelta a la zona del casco viejo puede hacerse andando, o, si no, en Santutxu podeis coger el metro hasta la parada de Casco Viejo y aprovechar para descansar un poco. Se me ha olvidado comentar que en esta zona, a la salida de esta parada de metro, están las Calzadas de Mallona, escaleras que suben directamente hasta la basílica y que están compuestas por 311 escalones y 46 descansillos; una vez subidos 207 escalones, existe una desviación a la izquierda, con 62 escalones más, que comunica con la zona del ascensor de Begoña, que parte de la calle Esperanza, junto a la iglesia de San Nicolás. Yo, desde luego, opté por el ascensor de la calle Prim, aunque luego tuve que callejear por Santutxu hasta llegar a la basílica.

También por esta zona está el Parque Etxebarria, un amplio espacio en cuesta sobre una de las laderas que rodean el valle en el que se ubica la ciudad, lo que permite disfrutar de una de las mejores vistas sobre la zona centro. En el centro del parque, se conserva una chimenea original como homenaje a la antigua fundición, un hito que puede verse desde casi cualquier punto de Bilbao.

Día 3: Puente Bizcaia y Funicular de Artxanda

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En este tercer día cogeremos el metro para poder ir a las afueras de Bilbao. Primeramente, habrá que coger la línea roja (línea 1) de Metro y bajarse en la estación de Areeta – Las Arenas, en donde se encuentra el famoso puente Vizcaya o puente colgante, se trata de un puente transbordador de peaje que une los dos márgenes de la ría: la villa de Portugalete y el barrio de Las Arenas. Fue inaugurado en 1893 y es el primero de su tipología en el mundo, su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. Es una construcción curiosa cuanto menos y que se sigue usando en la actualidad, numerosos coches y peatones lo utilizan para cruzar la ría. El precio no es muy elevado, creo recordar que sin vehículo se paga alrededor de 0,35 €, y si se va con vehículo, unos 1,30 €. También existe la posibilidad de subir a la pasarela del puente para disfrutar de las vistas de la ciudad, el precio es de 5 €, y, sinceramente, yo lo consideré desproporcionado, teniendo en cuenta que también podremos disfrutar de unas excelentes vistas desde el monte Artxanda.

Para llegar a Artxanda, volveremos a la parada de metro de Areeta e iremos hasta Moyua, en donde saldremos a la plaza del mismo nombre. Tendremos que bajar por la calle Ercilla y cruzar la ria por el puente Zubizuri, subiremos por la calle Múgica y Butrón y llegaremos hasta la entrada del funicular. El precio del viaje es de 0,90 € solo ida, la vuelta la tendremos que comprar cuando queramos bajar (no venden billetes de ida y vuelta) y la frecuencia de salida es de 15 minutos. Merece la pena subir en este funicular, puesto que desde el monte se disfruta de unas hermosas vistas panorámicas de la villa y de la desembocadura de la ría.

Concluidas estas dos visitas, ya solo queda hacer alguna ruta libre para acabar el día. Existe una rica oferta cultural y gastronómica que merece la pena aprovechar, desde museos hasta monumentos, salas de exposiciones, parques, jardines… y por supuesto bares y restaurantes típicos. Yo, por mi parte, lo principal que he visto durante los tres días que estuve en Bilbao es lo que os expuesto, y por supuesto hay mucho más por ver, para mí la próxima vez. ¿Tenéis vosotros algo más que aconsejarme?

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Coordenadas GPS: 43°15′25″N 2°55′25″O


V Premios 20Blogs

Empezamos el año viajero participando en la elección de los 20blogs del año en la categoría de viajes. ¿Nos das tu voto? Mis abuelos estarán más orgullosos de mi.


¡Concurso viajero! Gana un finde rural en Gredos

Hemos vuelto tan emocionados de Gredos que estamos deseando que todo el mundo lo conozca. Por eso os invitamos a vivir la experiencia en primera persona, como os anunciamos en nuestro post anterior. Para ganar el fin de semana para dos personas (dos días de alojamiento y desayuno) en el Manantial de Gredos, solo tienes que seguir estos sencillos pasos:

1. Dale al Me gusta en las páginas en Facebook de Blogueros Viajeros y Ven a Gredos.
2. Date de alta en la web VenAGredos.com a través de este enlace (para entrar en el sorteo es muy importante que lo hagas desde aquí y podamos contabilizar tu participación).
3. Una vez hechos los pasos 1 y 2, entrarás directamente el sorteo que realizaremos el próximo 5 de diciembre de un fin de semana rural para dos personas.

Ya no tienes excusa para hacer tu propio blogtrip por la Sierra de Gredos y disfrutar de uno de los alojamientos con más encanto de la cara Sur del Parque Regional, el Hostal Rural Manantial de Gredos.  ¡Mucha suerte a todos!

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Gredos, belleza interior

¿Viajar al centro de la Tierra, sentirse Tarzán o Jane saltando de árbol en árbol, atravesar un bosque sobre un corcel blanco cual Águila Roja o alunizar en mitad de una plataforma de montañas glaciares? La Sierra de Gredos (Ávila), el corazón pétreo de España, está llena de vida y experiencias increíbles que ni de lejos te esperas.

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Hay fines de semana que parecen unas auténticas vacaciones. Con esa sensación, te vuelves de Gredos. Ésta es la crónica detallada del blogtrip que hicimos hace unos días invitados por el portal VenAGredos.com, a quien agradecemos la oportunidad de conocer un entorno natural único que te atrapa desde el primer instante. Te bastan dos días para sentir el flechazo por uno de los Parques Regionales con más atractivos turísticos del país, al que pensamos volver en cuanto sea posible.

Día 1 – La senda del silencio

Partiendo desde Madrid, el mejor acceso a la cara Norte de la Sierra de Gredos es por la autovía de peaje AP51 hasta Ávila y luego enganchamos la N502 (dirección Talavera de la Reina) hasta Venta Rasquilla, desde donde podremos acceder a pueblos como Hoyos del Espino, San Martín del Pimpollar o Navarredonda de Gredos. Si por el contrario queremos acceder desde la cara Sur de Gredos, la ruta recomendada desde Madrid es vía Talavera de la Reina (A5), desde donde se llega fácilmente a Arenas de San Pedro, Guisando o Mombeltrán, en pleno valle del Tiétar.www.bloguerosviajeros.com


Como nuestra idea era conocer a fondo la Sierra de Gredos, en sus vertientes Norte y Sur, optamos por establecer el ‘campamento base’ en Hoyos del Espino, el pueblo mejor comunicado con el Macizo Central y La Plataforma de Gredos. Allí nos alojamos en el hostal La Mira de Gredos. Lo primero que sorprende (y para bien) es que para ser denominado hostal ofrece mejores servicios y equipamientos que muchos hoteles que hemos visitado en los últimos años. Por tener, nuestra habitación doble (53 € tarifa noviembre 2011) tenía hasta DVD y baño francés, entre otros extras. La decoración es acogedora y cálida -sin excesos- y la cama bastante cómoda. Tiene parking privado y cubierto, wifi gratis y un restaurante Gourmet con platos muy elaborados.

www.bloguerosviajeros.comAdemás de tener posiblemente las mejores vistas de la Sierra de Gredos desde su restaurante mirador, el desayuno, sin ser demasiado variado, está delicioso y preparado al momento. Unas vistas como éstas ganan mucho acompañadas por sus bizcochos caseros, tostadas tradicionales o un crujiente croissant a la plancha. Además de un zumo de naranja o un café calentito a tu gusto. Así da gusto madrugar.

Siempre recordaremos nuestra primera noche en Hoyos del Espino por el olor a leña y el silencio de la noche, a ratos quebrado por el tintineo de las vacas pastando en los campos. La verdad es que este otoño está siendo muy suave y la temperatura era muy agradable.

Esa primera noche, aprovechamos el hecho de salir a cenar para dar una vuelta de reconocimiento al pueblo y, de paso, probar las típicas patatas revolconas (patatas machacadas con pimentón y torreznos). Acertamos eligiendo El Plantió para cenar. Buenas raciones de ibéricos a muy buen precio, papatas revolconas, tostas variadas… en un local amplio y luminoso. Otras opciones recomendables, tanto para comer o cenar en la zona son el Drakar, La Bodeguilla o Venta La Rasquilla.

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Día 2 – Otoño entre ríos, pinos y piedras

Si hay una época perfecta para conocer Gredos, son el otoño y la primavera. La impresionante paleta de colores que se mezclan en el paisaje va desde el los anaranjados, amarillos y rojos al verde lima casi fosforito del musgo del granito grisáceo. Otoño a todo color en Gredos. www.bloguerosviajeros.com

Si quieres disfrutar de este lienzo otoñal, te recomendamos seguir el camino paralelo al río Barbellido, que une La Plataforma de Gredos con Navacepeda de Tormes. Desde este municipio, se ven unas puestas de sol espectaculares.

En este segundo día, fuimos a La Plataforma de Gredos, que es el punto de partida de todas las excursiones al Circo de Gredos y punto de encuentro de montañeros de todas partes del mundo. Como no somos expertos montañeros no íbamos demasiado preparados para las 2 horas y media de ida hacia la Laguna Grande (y otras tantas, a la vuelta), por lo que tuvimos que conformarnos con subir unos 2 o 3 kilómetros a duras penas. Ya sabemos para otra vez que a la Sierra de Gredos hay que llevar; guantes y gorro, ropa de abrigo, calzado deportivo cómodo y dos bastones de marcha.

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De camino a La Plataforma de Gredos, paramos en la Casa del Parque, que pertenece a la red de Centros de Interpretación de Castilla y León. Un espacio que sirve de preludio de todo lo que se puede disfrutar después sobre el plano. La Casa del Parque hace las veces de oficina de Turismo de la zona y aquí, sus coordinadoras (Belén, Yolanda, Mercedes y Miriam) nos aportarán toda la información necesaria para sacarle el máximo partido a nuestra visita. El espacio cuenta con biblioteca temática, sala audiovisual, exposiciones temporales, entre otras actividades. Además, son muy amables y se les nota que disfrutan de su profesión.

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Justo enfrente de la Casa del Parque, se encuentra el Parque de Aventuras Pinos Cimeros, con varios circuitos de arborismo para todos los públicos y con distintos niveles de dificultad. Una propuesta diferente y emocionante para disfrutar de la naturaleza como nunca antes. Tirolinas, puentes tibetanos, escalas… Eso sí, está todo pensando para que ni la persona, ni el árbol sufran un rasguño según nos cuenta Guillermo, uno de los socios del parque.

A última hora de la tarde nos acercamos a uno de los espacios naturales más bellos de la calle Norte de Gredos, Las Chorreras. Si te gusta el paisajismo y quieres hacer fotos del otoño más espectacular, no te lo pierdas. El acceso desde Hoyos del Espino no está asfaltado, por lo que os recomiendo bajar desde Navarredonda de Gredos y girar a la derecha al llegar a la bifurcación del final de la carretera. Si te apetece preparar tus propias excursiones te recomendamos echar un vistazo a este enlace: http://t.co/UIpCaSt0

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Día 3 – El Valle ‘encantado’ del Tiétar

Gredos tiene dos caras. La Norte más agreste y seca. La Sur más verde y lluviosa. Es impresionante pasar de una a otra en menos de una hora cruzando el Puerto del Pico por la N502 hacia Talavera de la Reina. Los montes más altos de Gredos ejercen de infranqueables muros atrapanubes, que dejan entrever el espectacular Valle del Tiétar desde el Puerto del Pico. Desde aquí las vistas son sobrecogedoras, casi a vista de pájaro. En este punto, no podemos pasar por alto la visita a la calzada romana que sinuosa baja hasta el valle. Una lección de historia en vivo.

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Puede sonar a coña, pero el planning del blogtrip indicaba que pasaríamos la mañana en la Parra -un pueblo cercano a Arenas de San Pedro-. Nada más lejos de la realidad, Gredos Cultural y Gredos Ecuestre nos habían preparado una ruta activa a caballo por el monte.

www.bloguerosviajeros.comGabi y sus hijos nos recibieron con los brazos abiertos y nos explicaron cómo hacernos con los caballos en un abrir y cerrar de ojos. La verdad es que aunque no hayas montado a caballo en tu vida, ellos te preparan para que disfrutes del paseo desde el minuto cero. El paseo básico, de dos horas de duración, cruza bosques frondosos de pinos y helechos que bien podrían ser el escenario de una película. Nosotros montamos a Lince y Arquero, dos caballos preciosos y dóciles, sobre todo Lince. El desnivel del terreno y las raíces de los árboles le dan emoción al paseo, ya que descubrirás la pericia de tu propio caballo ante las ‘adversidades’ del camino. Gabi siempre está pendiente de la manada y, sobre todo, de los jinetes visitantes.

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Antes de volver a casa, nos acercamos a las Cuevas del Águila, cerca de Arenas de San Pedro. Los 7 euros que cuesta la visita (tarifa noviembre 2011) merecen la pena. En los 30 minutos que dura la visita de un kilómetro de recorrido, te llegas a creer que has viajado al centro de la tierra como lo hubiera hecho el mismísimo Julio Verne. No podrás dejar de mirar sus impresionantes estalactitas tubulares y cortinas colgantes, las formaciones de estalagmitas del tamaño de un elefante te dejan boquiabierto. No podrás dejar de mirar el techo y sus caprichosas formaciones calizas, aunque os aconsejo mirar los charcos de agua estancada que hacen las veces de espejo y muestran la profundidad de la gruta.

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¡Concurso viajero!

¿Quieres vivir esta experiencia en primera persona? BloguerosViajeros.com y VenAGredos.com te invitan a pasar un fin de semana en Gredos. Permanece atento al blog para saber cómo conseguirlo. Mañana te daremos más pistas.

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Coordenadas GPS: 40°15′N 5°13′O