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Berlín, cicatrizando heridas

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Pocas ciudades del mundo pueden decir que la historia del siglo XX se ha decidido en sus calles. Ahí quedó escrita. Para siempre. Esperando ser revisada en sus muros, fachadas o avenidas.

La historia de Berlín puede leerse en cada esquina. Desde la intimidatoria arquitectura soviética a la pomposidad neoclásica del Berliner Dom o el vanguardismo de la nueva Postdamer Platz. Y este es, sin duda, uno de los grandes atractivos del viaje. Berlin ofrece a quien la visita la oportunidad de volver al pasado para comprender su presente.

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De primeras, Berlín puede parecer fría, desangelada e incluso aburrida. El cielo gris plomizo, la ausencia de sol y la austeridad de su arquitectura provocan esa sensación nada más llegar. Por eso la primera recomendación que os hacemos es visitar Berlín en primavera/verano, temporada alta de barbacoas y fiestas en sus famosos Biergarten, paraíso de cualquier cervecero que se precie.

No es casual que la mayoría de los bares y restaurantes berlineses pongan lucecitas de colores en sus terrazas para crear un poco de ambiente, como podrás comprobar en barrios como Kreuzberg o Prenzlauer Berg.

En los 90, tras la reunificación, Berlin empezó a ver la luz al final del tunel. Desde entonces, la capital alemana se afana por dejar atrás los episodios más oscuros de su historia reciente (el Holocausto Nazi, el Muro del Horror, dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría…) a golpe de monumento memorial, placas conmemorativas o museos de Memoria histórica. Lo que haga falta para volver a equilibrar su karma, supongo.

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Willkommen!

Siempre he pensado que la mejor forma de conocer una ciudad es perderse en ella. Sin embargo, en el caso de Berlín no lo recomiendo porque es una ciudad siempre en obras. Por eso, para nuestro primer día en Berlín recomiendo unirse a las visitas guiadas que organizan los chicos de NewBerlin. Los encontrarás en el Starbucks frente a la Puerta de Bramdenburgo todos los días del año, a las 11.00 y a las 14.00 -es recomendable llegar antes para apuntarse en la lista-.

20131013-111843.jpgEstos tours, en español, son gratuitos. Los guías se lo curran un montón para ganarse una buena propina al acabar la ruta. Todo el recorrido dura alrededor de dos horas y se visitan los lugares históricos clave para hacernos un perfecto mapa espacio-temporal de Berlín. Desde la Plaza de París al sobrecogedor monumento al Holocausto, pasando sobre -literalmente, porque está enterrado- el Bunker donde se suicidó Hitler al emblemático Check Point Charlie, ahora reconvertido en una suerte de parque temático para turistas, donde cientos de turistas acuden cada día a sellar su pasaporte o hacerse la típica foto en la ‘vieja frontera’.

Pero si en realidad queremos profundizar en la historia reciente de Berlín es imprescindible visitar el museo sobre el Tercer Reich, Topografía del Terror (entrada gratuita), donde aún se conservan un trozo de muro en su estado original, el edifico que alojaba las oficinas de la temida Gestapo y los calabozos de las SS o también el Mauermuseum, en pleno Check Point Charlie (12,50 euros. Tarifa Octubre 2013). No muy lejos de este punto que nos conecta con el pasado, tenemos el Berlín que mira al futuro. Sin complejos y a lo grande. La nueva Postdamer Platz.

Mirando al futuro

Postdamer Platz define el nuevo Berlín con sus flamantes rascacielos y una espectacular plaza cubierta que recuerda a la cubierta de un circo iluminado. Además de la espectacularidad propia de la arquitectura contemporanea Postadamer da mucho más de sí de lo que parece. Sin salir de la zona podemos subir al Panoramapunkt (5,50 euros. Tarifa octubre 2013), visitar el Museo de Arte Contemporáneo DaimlerContemporary (entrada gratuita) o si tenemos la suerte de que sea martes -incluso si cae en 13- asistir gratis a un concierto de la Berliner Philharmonie. Es posible que tanta actividad nos deje sin aliento y necesitemos un buen respiro. ¡Menos mal que el gran pulmón verde de la ciudad está a la vuelta de la esquina!

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Funde a verde

El corazón verde de Berlín tiene un nombre: Tiergarten. Más de 200 hectáreas de bosque, jardínes, lagos, riachuelos y hasta una zona nudista (Englischer Garten). En verano es muy típico que los autóctonos hagan aquí barbacoas, aunque los que quieren ir a mesa puesta recomiendo visitar dos concurridos Biergärten, el Schleusenkrug o el Café am Neuen See.

20131013-111728.jpg No podemos marcharnos del parque sin visitar la famosa Siegessäule (Columna de la Victoria) y divisar, bajo su carismático ángel dorado, la verdadera extensión del Tiergarten y del resto de la ciudad. Eso sí, nadie se libra de subir sus 285 escalones ¡contados! para contemplar una panorámica 360º. Todo tiene un precio -amén de los 3 euros de entrada-.

Un consejo que os puede salvar la vida: ¡Ni si os ocurra cruzar por la concurrida rotonda que rodea el monumento! El acceso a la Columna de la Victoria es subterráneo por dos tuneles laterales, tanto de entrada como de salida.

Y ojo, también, con cruzar los semáforos en rojo, ya no por jugarse el pellejo, sino por los 10 euros que ponen de multa a los peatones que así lo hagan. ¡Estáis avisados!

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En el ‘viejo’ Berlín

AlexanderPlatz (‘Alex’ como le llaman los berlineses) ha ganado mucho protagonismo en el nuevo Berlín unificado, hasta el punto que se da la paradoja que el que fuera el centro urbano de la antigua RDA comunista, ahora es el epicentro del consumismo más salvaje. Hasta el punto que elementos propios de la RDA como sus semáforos, únicos en el mundo, han convertido a los Ampelmann en objeto de culto. Y si no lo crees, visita la Ampelmann Shop en Court V. Hackesche Höfe, donde podrás encontrar desde gominolas hasta tarteras. ¡Si Lenin levantara la cabeza no daría crédito!

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Si míticos son los Ampelmanns, más lo es si cabe el relój universal de Erich John y la fuente de la Amistad entre los Pueblos, pero sobre todo la imponente torre de la TV (12,50 euros. Tarifa Octubre 2013), con su restaurante giratorio Sphere y su panorámica, obviamente esférica y 360º. Todo un símbolo del Berlín Soviet.

Ya puestos a indagar en las reliquias y recuerdos de la antigua RDA, podemos visitar el DDR Museum que nos ayudará a entender mucho mejor un estilo de vida ya obsoleto, pero del que aún muchos recuerdan con nostalgia.

BloguerosViajeroselBlog.jpgA pocos pasos de los aledaños de la torre se esconde uno de los lugares más sorprendentes de Berlín, Nikolaiviertel. Un barrio medieval reconstruido, espectacular. El oasis peatonal de Nikolai nos ofrece la cara más acogedora de Berlín. Aquí se mezclan tiendas de souvenirs, cervecerias, tiendas de artesanía y mercerías de toda la vida. Tampoco podemos pasar por alto, la isla de los Museos, con su impresionante catedral -con su fachada envejecida artificialmente- y su ‘colección’ de museos. Imprescindible visitar el Museo de Pergamo. Otro consejo: con la Berlin WelcomeCard le sacarás mucho más provecho a esta zona histórica.

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Otro ‘must see’ del Berlín turístico es la East Side Gallery o como convertir casi un kilómetro y medio de Muro de Berlín un gran lienzo abierto a artistas de todo el mundo. Hasta 102 participaron en esta ‘restauración’ vanguardista paralela a la rivera del río Spree. En la mayor galería de arte al Aire libre hay de todo, pero destacan sobre todo las celebres cabezas de Thierry Noir o el famoso beso entre Brezhnev y Honecker, plasmado por el artista ruso Dimitri Vrubel. Eso sí, se echa en falta un mejor mantenimiento, porque algunos murales están destrozados por los ‘autógrafos’ de los turistas.

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Berlín, alternativo y freak

La capital alemana, tantas veces devastada y dividida como reconstruida, lucha por ganarse el respeto del resto de capitales europeas y, de paso, hacerse un hueco destacado en el selecto grupo de destinos turísticos. De ahí el empeño por embellecer la ciudad todo lo posible que justifica que Berlín a día de hoy esté patas arriba (por las obras). La mezcla resultante de todo esto, cuanto menos es curiosa.

20131013-111352.jpgEl precio de esa ‘homologación’ con el resto de Alemania y por extensión, Europa, le está haciendo perder autenticidad. Hace 10 años visité Berlín por primera vez y me pareció la ciudad más cool del mundo; locales que eran más antros que bares, casas okupas por todas partes, cabarets superanimados, mucha música callejera y pocos turistas japoneses. Ahora, las franquicias, los hoteles de 5 estrellas y las tiendas de souvenirs hacen que Berlín se parezca demasiado al resto de capitales europeas. Ya no es tan auténtica como entonces, al menos aparentemente.

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Berlin tampoco es la ciudad barata de finales de los 90, a no ser que te alimentes a base de Currywurst o platos de pasta barata e insipida. Aún con todo, en barrios como Prenzlauer Berg, Kreuzberg, Kottbusser Tor o Neukölln -el nuevo barrio alternativo- todavía podemos encontrar menús de medio día por 4.90 euros (con bebida incluída).

Como no solo de Currywurst vive el turista, en OranienStrasse, 199 encontramos un pequeño restaurante, Cassonade, que sirve los crêpes más grandes y ricos que hemos comido nunca. Algo que se agradece en un barrio donde impera lo asiático. ¡Por solo 4,10 euros!

A pesar de haber perdido autenticidad, Berlín sigue manteniendo su envidiada escena alternativa. Kotti, Görlitzer Bahnhof y Schlesische Strasse conforman el nuevo triángulo hispter berlinés; donde el mestizaje se palpa hasta en los restaurantes (indios, japos, mexicanos, belgas, thais, italianos, españoles…).

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Y puestos a buscar la cara más freak de Berlín, os recomiendo visitar el Currywurst Museum. (11 euros. Tarifa octubre 2013) Sí, un museo única y exclusivamente dedicado a la salchica alemana con kecthup y curry. Curioso, cuanto menos. Otro sitio con el que sueña todo freak es el Computer Spiele Museum (8 euros. Tarifa octubre 2013), un museo único que repasa los 60 años del mundo de los videojuegos con claros guiños vintage a las recreativas de los años ’70 y ’80. Completa este TOP3 de lugares sorprendentes, la tienda de prototipos e inventos inverosímiles Erdinderladen, en Lychener Str.8 (metro U2 Eberswalder Str.), donde lo mismo encuentras una pistola atrapamoscas o un puzzle de 300 piezas blancas (Milk Puzzle).

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Visitar el Reichstag

Por mucho entretenimiento que ofrezca la ciudad, no podemos irnos de Berlín sin visitar sus símbolos institucionales: el Bundestag con su famosa cúpula (Reichstag) de Norman Foster y la simbólica Puerta de Bramdenburgo. De 8.00 a 23.00 de la noche se puede acceder al Reichstag y su terraza, si previamente se ha reservado por internet a una hora concreta -hay que presentarse en el puesto de control 15 minutos antes de la visita-.

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En temporada alta recomiendan reservar con bastante antelación y el resto del año con 3 o 4 días es suficiente. Haz tu reserva aquí y no olvides recoger tu audífono gratuito nada más salir del ascensor de acceso a la cúpula. Merece la pena y se disfruta mucho más de la visita.

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Austera, auténtica, cosmopolita, atrevida, inconformista, underground… Berlín muestra al viajero su alma en carne viva, con luces y sombras, su orgullo y sus complejos. Berlín busca su sitio en el mundo y se esfuerza por reinventarse en su propia metamorfosis.

¡Top Tip!

En pocas ciudades de Europa se puede sacar tanto partido a un WelcomeCard como en Berlín. Desde 18,50 euros (Tarifa Octubre 2013) que además de dar acceso a todos los transportes públicos de la zona AB durante 48 horas, nos asegura descuentos en los principales museos con lo que el ahorro es considerable. Puedes elegir tarjetas para 2, 3, 4 y 5 días y las puedes comprar nada más llegar al Aeropuerto o en las oficinas de turismo (en la Puerta de Bramdenburgo hay una).

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Coordenadas GPS: 52°31′0″N 13°22′0″E

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